El laberinto escocés

M.R.Y. (spc)
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Edimburgo exige poder celebrar un nuevo referéndum de independencia para volver a la UE que Londres rechaza de pleno

El laberinto escocés

Scotland still loves EU (Escocia aún ama a la UE) rezaban decenas de pancartas en las calles de Edimburgo el pasado 1 de febrero en la multitudinaria manifestación proeuropeísta celebrada el día después del Brexit. Toda una declaración de intenciones desde una región que en el referéndum de 2016 sobre la ruptura británica se decantó mayoritariamente por la permanencia en la Unión y que, al verse ahora fuera, reclama una nueva consulta para independizarse del país británico y regresar al bloque comunitario.
Sin embargo, no se antoja que sea una misión fácil. El Gobierno de Boris Johnson se niega en rotundo a permitir que se pueda celebrar un nuevo plebiscito y reivindica que los resultados del que tuvo lugar en 2014 -con un 55 por ciento de los ciudadanos en contra de la separación- son determinantes. Y el permiso de Londres es determinante para que la votación pueda repetirse seis años después.
La vía catalana está desechada. Así lo ha sostenido la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, que apunta que su objetivo es organizar un referéndum acordado con el Ejecutivo central que cumpla con la legalidad y cuyo resultado sea vinculante y reconocido internacionalmente, como sucedió en 2014. A su juicio, lo sucedido el 1-O en España ha demostrado que un plebiscito unilateral "no conduce a la independencia". "No habrá atajos", zanjó la semana pasada.
"La gente tiene derecho a cambiar de opinión cuando las circunstancias cambian", sostiene Sturgeon para tratar de convencer a Johnson, quien defiende que la consulta de hace seis años zanjó el asunto durante "al menos una generación". Y el Brexit es una cuestión lo suficientemente trascendental como para presentar un escenario completamente diferente al que se vivía en 2014 y, por tanto, justificaría una nueva cita con las urnas.
Que la ruptura británica ha cambiado la percepción de los escoceses es una realidad. De hecho, en esa región el rechazo a un divorcio de la UE registró un 62 por ciento en el plebiscito sobre la permanencia de 2016. El sentimiento europeísta es tal que, según los últimos sondeos, el apoyo a la independencia del Reino Unido -con su consecuente integración en la UE- ha aumentado de manera notable. Un 52 por ciento de la población se posicionaría a favor de romper con Londres, frente al minoritario 45 por ciento que se firmó en 2014 y que se ha ido repitiendo en las sucesivas encuestas.
campaña de presión. Viendo que en esta ocasión la independencia podría salir adelante, el Gobierno de Sturgeon, perteneciente al Partido Nacionalista Escocés (SPN), quiere poner en marcha el proceso y, para ello, la mandataria anunció hace unos días "los próximos pasos para el futuro de Escocia", que pasan por conseguir el aval de Johnson.
Con la mente puesta en una consulta a finales de año -coincidiendo con el previsible fin del período de transición del Brexit-, la dirigente ha iniciado una campaña de presión a Londres. A su juicio, esta negativa no puede sostenerse "indefinidamente" e, incluso, no descarta que el referéndum se tenga que aplazar a mayo de 2021, tras las elecciones autónomas -que intentaría convertir en un plebiscito del plebiscito y en las que una victoria arrolladora del SPN sería significativa para que Johnson cambie de opinión-.
Ese apoyo del Gobierno británico es imprescindible: "Para lograr la independencia, un referéndum, da igual cuándo ocurra, sea este año, como quiero, o después de las próximas elecciones, debe ser legal y legítimo. Es un hecho", insiste. Y, en caso de lograrlo, no quiere que esta vez vuelva a perderse la oportunidad. Por ello, el primer paso es "convencer a una mayoría de la población" para conseguir una mayor movilización que garantice que, si finalmente hay una nueva consulta, no se repetirá el fracaso de 2014. Para ello, su principal objetivo es "ganar el argumento político" a base de convencer a los indecisos, en especial a quienes votaron no hace seis años y ahora lamentan el Brexit. Ante este "momento crucial", ha prometido "esperanza por un futuro mejor", en el que "la senda del país sea determinada por la gente que vive aquí", en referencia a los resultados de 2016, cuando los escoceses apelaron a la permanencia sin éxito.
El sentimiento europeísta será el alegato prioritario de una región que busca su nueva oportunidad ante un Johnson que teme que a la segunda pueda ir la vencida y, además, se produzca un efecto contagio en Irlanda del Norte. Y ese temor pesa mucho en Londres.