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La dama rebelde de la España nuestra

Maricruz Sánchez (SPC)
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Un accidente segó la vida de Cecilia hace 45 años. Tenía tan solo 27 y estaba en la cima de su carrera, como una de las grandes promesas de la canción popular. Sus temas pasaron a ser leyenda y sus letras se reivindican ahora con más fuerza que nunca

La dama rebelde de la España nuestra

Tras su apariencia dulce y rostro aniñado se escondía una mente inquieta. Una mujer culta que, a través de sus canciones, reivindicaba la libertad y jugaba al despiste con la censura de la España predemocrática. Quienes conocieron a Cecilia coinciden en ello: era una artista adelantada a su tiempo, una voz crítica en una época refractaria. Por su forma de entender la música, su constante pelea con la industria discográfica y sus exigencias comerciales, su estilo hippie y desenfadado, sus influencia de los Beatles, Bob Dylan, Joan Baez y Simon and Garfunkel. 

Todo apuntaba a un futuro prometedor, pero Evangelina Sobredo, como hacía constar su DNI, vio truncada su fulgurante carrera hace ahora 45 años. Un grave accidente de tráfico, la madrugada del 2 de agosto de 1976, segó su vida prematuramente y la convirtió en la única española integrante del mítico Club de los 27, que incluye a Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain y Amy Winehouse, entre otros.

La madrileña había actuado esa noche en Vigo, en la Nova Olimpia, colgando el cartel de No hay entradas. A falta de dos meses para cumplir 28 años y en la cima de su popularidad, estaba exultante con el éxito de este recital, e incluso le había confesado al empresario propietario de la sala que pensaba buscar un terreno cerca de la ciudad, que le había encantado, para construirse una casa. 

Tras recoger los instrumentos junto a su banda y aunque la idea originaria era hacer noche allí, todo el grupo puso rumbo a Madrid en un Seat 124. Cecilia quería estar a las 10 de la mañana en el estudio de grabación, inmersa como se encontraba en un nuevo proyecto discográfico en el que también versionaba poemas de Valle Inclán. 

A las 05,40 horas, el coche colisionaba contra un carro de bueyes en la C-620 (hoy N-525), a su paso por la localidad zamorana de Colinas de Trasmonte. El vehículo agrícola circulaba sin luces en un tramo en el que tampoco había alumbrado público. Como consecuencia del impacto, tan brutal que hasta uno de los animales salió despedido varios metros, la cantautora pereció en el acto. También falleció el batería del grupo de 29 años, Carlos de la Iglesia, y resultaron malheridos los otros dos ocupantes del turismo, así como el dueño del carro y su mujer. 

La noticia conmocionó a toda España. Acababa de morir Cecilia, una de las jóvenes promesas de la canción popular, en el cenit de su éxito. A su entierro en el Cementerio de la Almudena, arropando a su desolada familia, acudieron los más grandes del panorama artístico del momento. Julio Iglesias, Massiel, Mari Trini... la lloraron ese día. 

Chica de mundo

Nacida en octubre de 1948, Evangelina era hija de un militar de carrera que, convertido en diplomático, desempeñó cargos en las embajadas de EEUU, Jordania, Costa Rica, Argelia y China. Esa situación brindó a la creadora y a sus hermanos la oportunidad de recorrer mundo, aprender idiomas y dejarse imbuir por una educación liberal que, de vuelta a España, le permitió combinar estudios de Derecho con pequeñas actuaciones musicales en colegios mayores.

También influyó en su carácter, como evidenció su paso por el Festival de la OTI en 1975. Defendiendo el tema Amor de medianoche, de Juan Carlos Calderón, la madrileña rescribió la letra originaria por completo para adaptarla a su estilo.

La cantautora tenía las cosas claras. A pesar de su juventud y su éxito, ya barruntaba la posibilidad cercana de dejar de actuar para dedicarse exclusivamente a componer, afincada en una casa en mitad del campo. El negocio de la música y sus constantes imposiciones para vender más discos la agotaban. 

Finalmente, su trayectoria fue corta pero intensa, y tuvo tiempo de crear e interpretar casi un centenar de canciones con letras que exploran variados registros, de los más provocadores a los más tiernos. Todo empezó en 1971. Tras ganar un concurso para nuevos talentos, formar un grupo- Expresión- y grabar un single en inglés, Cecilia lanzó al mercado su primer LP, homónimo, el disco de las canciones de pegada, metáfora encarnada en el guante de boxeo que portaba en la portada. Dama, dama, Fui o Nada de nada están incluidas en él. 

Y, si ese álbum fue el de los éxitos, el segundo fue el de la sensibilidad irónica y doliente, con temas como Cuando yo era pequeña, Un millón de sueños y Andar. En la portada aparecía ella embarazada y su título iba a ser Me quedaré soltera. Demasiado para la censura, que autorizó a que se titulara Cecilia II.

Su tercer disco fue el del éxito masivo. Un ramito de violetas, Mi querida España y Sevilla pasaron a integrar gracias a él la impronta sentimental del país. Sería el último de su vida, el colofón de una carrera fugaz pero eterna en la memoria.