LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Único testigo

Por azar del destino, hace un par de semanas empecé a leer un libro antiguo de Paul Bracken, Fuego en el Este de 1999. Fue fácil de leer pero muy difícil de asimilar. 
El primer hecho que el libro no pudo prever fue el resurgir militar de Rusia. Por aquel entonces el oso ruso era mas bien un triste peluche, pero con Vladimir Putin el gasto militar y sus apuestas militares le han devuelto cierto glamour. El interés estratégico ruso se limita a Europa, Oriente Medio y alrededores, sin demostrar ninguna preocupación por Asia. La existencia de una gigantesca frontera con el país más poblado del mundo a un lado y con sus cuatro rusos despistados al otro lado, no ha conseguido provocarles ninguna inquietud. Ignorar el flanco del Este es una debilidad que no podrán eludir siempre y necesitarán unos aliados que ahora no tienen.
Hablar de Asia como continente desde un punto de vista geográfico y militar es una tarea descomunal, porque sus dimensiones y los gigantes que incorpora dificultan el análisis. El primer gran actor ha sido Estados Unidos, al ser una fuerza respetada que limitaba el poderío chino en la zona y garantizaba la condición de pigmeo bélico de Japón. Este equilibrio se ha resquebrajado por dos causas. Por un lado, el intercambio comercial asiático es tan intenso que China es el primer socio de todos los países (incluidos con los que se lleva mal) y por otro lado, el gasto militar chino ha dado un salto cualitativo. El único objetivo que tienen es conseguir que la armada estadounidense no pueda intervenir en la zona gracias a sus misiles.
La India solo se preocupaba de Pakistán al tener el Himalaya como parapeto, pero la nueva base militar china en Djibouti les ha dejado en shock. Los japoneses vivían felices hasta que Corea del Norte les envió misiles que sobrevuelan su espacio aéreo y el compromiso yanqui es dudoso. Taiwan ya no sabe qué hacer, a Corea le importa más el negocio, Filipinas renuncia a enfrentarse a China y Vietnam sueña con que Estados Unidos no se vaya de la zona.
La conclusión es que todos estos países son profundamente nacionalistas, cuatro tienen armas nucleares, otros dos saben cómo construirlas y su gasto militar crece. No han estudiado la historia europea reciente. Recuerda al optimismo previo a la primera guerra mundial, donde la ingenuidad iba pareja a la estupidez de los dirigentes.