Un annus excesivamente politicus

C.S.Rubio
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El año que está a punto de terminar ha estado marcado por la celebración de cinco citas electorales, donde se ha confirmado la caída de Podemos en la región y el ascenso de Vox

Un annus excesivamente politicus - Foto: Jonathan Tajes


2019 será recordado como el año de las urnas. Los castellano-manchgos han tenido que lidiar con cinco citas electorales en estos meses (dos generales, unas europeas, unas locales y unas autonómicas), que ha dejado tras de sí un particular panorama político: el PSOE ha recuperado su fuerza en la región aunque con nubarrones en el horizonte, Podemos entra en coma profundo y la ultraderecha de Vox le come el terreno tanto al PP como a Ciudadanos. Un partido este último que comenzaba el ejercicio aspirando a ser llave del Gobierno autonómico, y lo termina con la incertidumbre de no saber cuál va a ser su futuro en el ámbito nacional.
Hay quien puede decir que este ha sido el año del PSOE en Castilla-La Mancha. Los socialistas han vuelto a ganar en las generales tras años de victorias ‘populares’ y también se han impuesto en las locales y, sobre todo, en las autonómicas. Emiliano García-Page se confirmó el pasado 26 de mayo como un ‘barón’ de primera línea, logrando una mayoría absolutísima -casi tres quintas partes de los escaños-, y dejando al PP poscospedal con una crisis de liderazgo aún por resolver.
No obstante, a esta afirmación hay que añadirle algunos ‘peros’, y no solo por el cada vez mayor distanciamiento entre las sedes del PSOE de Ferraz y de Toledo a cuenta del más que posible pacto con ERC. Un pacto que aquí en Castilla-La Mancha se va a tener que digerir con «vaselina», según afirmó el propio García-Page hace pocas semanas con gran revuelo mediático.
‘Peros’ como el hecho de que en las generales de noviembre los socialistas perdían parte de los respaldos logrados en abril (unos 25.700 votos menos) y, además, veían como la región se abría al mensaje de la ultraderecha de Vox, que ha encontrado en Castilla-La Mancha un importante caladero de votos. 5 de los 21 escaños en juego fueron para los de Abascal, tras una intensa campaña en la comunidad.
Un voto ultra que muchos analistas apuntan como una señal inequívoca del hartazgo de la sociedad con la clase política. Los datos del CIS de septiembre lo avanzaban ya: el 50% de los castellano-manchegos decía entonces «desconfiar» de la clase política y más del 90% calificaba de mala la situación actual en este ámbito.
Es significativo que el parlamento regional se haya quedado fuera de este ascenso de Vox a lo largo de 2019, pese a que las encuestas daban por hecho que la extrema derecha entraría en las Cortes autonómicas. Esto se debe en parte al buen resultado socialista y, sobre todo, a la actual ley electoral regional, que con apenas 33 diputados en liza, deja poco margen a la entrada de más de tres partidos en el antiguo convento de San Gil. No obstante, sobre la mesa del PSOE está seguro la extrapolación de los resultados de las elecciones de del 10-N, que darían a los de Abascal 9 escaños y permitirían un cambio de color político en la Junta de Comunidades, sumando sus diputados a los de Ciudadanos y el PP.
Un PP que, por otra parte, está en estos momentos en fase de recomposición tras la debacle del mayo y abril. Y es que, a los 9 diputados que perdieron los de Núñez en las autonómicas hay que sumar los 6 escaños que ya ha se había dejado por el camino en las generales de abril. Resultados que han traído consigo el resurgimiento de un ‘sector crítico’ dentro de las filas populares y un malestar creciente entre los más ‘veteranos’.
Con todo, el 10-N ha supuesto un balón de oxígeno para el PP de Castilla-La Mancha, al recuperar uno de los diputados nacionales perdidos y algo más de 6.000 votos, dando margen a la actual dirección para consolidar su modelo de partido. Y todo ello pese a que el aliento de Vox también se siente en el cuello de los de Paco Núñez, que en provincias como Guadalajara se sitúa ya como segunda fuerza política.
Sin embargo, el gran caído de este 2019 ha sido Podemos, que ha pasado de ser clave para la gobernabilidad de la Junta, a cuasi desaparecer, manteniendo únicamente poder local en la región. Y no por méritos propios, sino a cuenta de su pacto con Izquierda Unida.
Una caída que se vio venir ya en abril, cuando la formación morada perdió a sus diputados nacionales por Toledo y Albacete, y que se confirmó en las autonómicas, cuando los de García Molina no lograron revalidar sus dos escaños autonómicos. La evidente crisis interna (que dejó fuera de las listas a su diputado por Guadalajara) y errores de campaña como afirmar que el jueves del Corpus dejaría de ser festivo, son algunas de las causas que explican que Podemos ‘cediera’ sus escaños al PSOE en las elecciones de mayo y que casi haya desparecido del mapa de la actualidad regional, tras la dimisión en bloque de su directiva.
Mención aparte merece el caso de Ciudadanos en Castilla-La Mancha. Si en las generales han seguido la tónica general (los cuatro diputados por la región que ganaron en abril los perdieron en noviembre), en el ámbito autonómico y local se han convertido en una rara avis dentro de su partido. Antes de ya de las elecciones de mayo los ‘naranjas’ apuntaban su disposición a pactar con el PSOE de García-Page y, tras ellas, no dudaron en sumar sus fuerzas con los socialistas para arrebatar las alcaldías de Guadalajara, Ciudad Real y Albacete al PP. Un mérito que hay que atribuir también a la poca disposición los ‘populares’ a ceder cuota de poder a los ‘naranjas’, tal y como han confirmado sus propios dirigentes en numeras ocasiones.
No obstante, este pacto Ciudadanos-PSOE no se ha trasladado a las Cortes regionales, como se vio en la elección de los senadores autonómicos por Castilla-La Mancha, donde los candidatos ‘naranjas’ se quedaron fuera. Si bien la sangre no ha llegado aún al río (Tajo) y Ciudadanos ha votado a favor de varias leyes socialistas en estos meses.
A la espera de que ver que deparará 2020, será difícil volver a repetir un annus tan excesivamente politicus como 2019. Se verá.