LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Lawrence de Arabia

El mito de la complejidad de la política exterior explica por sí solo el rechazo que Donald Trump provoca en la izquierda norteamericana, al que se ve como un paleto ignorante sin analizar los hechos que no las palabras que acompañan a su gestión. También explica la decepción europea al comprobar cómo el gobierno británico fue capaz de hacer un referéndum sobre la pertenencia a la UE. Desde aquel fatídico día no han parado de insultar a los votantes que se opusieron a la continuidad en la institución más inteligente, próspera y moderna de la historia de la humanidad. Este detalle se les ha escapado a los habitantes de Hong Kong, los cuales no han entendido que a un buen comunista solo le importa la opinión del partido; el pueblo tiene ideas peregrinas que son peligrosas e impiden la construcción del nuevo individuo.
Cualquier actividad que emprendemos o decisión que ejecutamos es compleja o requiere un conocimiento específico que solo los más versados son capaces de realizar a la perfección. En la vida solo cuentan los hechos, no nuestra actitud frente a ellos. El éxito o fracaso al respecto marcará nuestro devenir.
Desde las primarias, Donald Trump dejó muy claro que salvo que hubiera un interés estratégico, Estados Unidos debía retirarse de cualquier conflicto bélico por su inaceptable coste económico y vidas humanas. Lo cierto es que ha sido fiel a sus palabras y se ha permitido el lujo de aumentar el presupuesto de defensa mientras retiraba las tropas de cualquier lugar considerado menor. Tan contundente ha sido que empieza a parecer que solo le importa el territorio nacional.
El problema con esta estrategia es que los enemigos llenan los huecos dejados y los aliados empiezan a improvisar en direcciones no siempre prudentes. Los europeos empiezan a preguntarse si en Oriente Medio la presencia estadounidense no era tan mala en el fondo. Irán sigue atacando a todo lo que se mueve y Arabia Saudita sueña con la disuasión nuclear. 
La UE es un pigmeo exterior porque no tiene ejército digno ni voluntad de poseerlo. Nos sentimos tan moralmente superiores que ignoramos lo que marca la experiencia. El poderío militar es indispensable para la soberanía nacional y un instrumento útil para garantizar la paz. En el Golfo Pérsico están pasando cosas, pero a nadie le importa nuestra opinión. Las palabras se las lleva el viento. Solo la fuerza hace historia.