Decidido a seguir

J. Monreal
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Decidido a seguir - Foto: Reyes MartÁ­nez

José Francisco Heras Sánchez

Para quienes ya cumplimos más de seis décadas, el cierre inesperado (o tal vez no tanto) de la famosa librería regentada por el entrañable Juan Evangelio, supuso la desaparición de un lugar de encuentros, de tertulia improvisada, de repaso de la actualidad conquense cada mañana y de observar las novedades editoriales surgidas de la pluma de conquenses y enconquensados.

Cita obligada el paso por Evangelio, para charlar con Juan, despachar con los habituales y disfrutar de la compañía, siempre cargada de ironía, de Luis Cañas.

El cierre de la librería nos dejó huérfanos durante una temporada. Mirábamos el cierre y suspirábamos apenados ante la desaparición de otro de los lugares emblemáticos de esa Carretería que se muestra moribunda y decadente a pesar de los intentos de peatonalización y dinamización (que palabra tan políticamente correcta), a la que tan acostumbrados nos tienen en los últimos tiempos. En fin. Cierre total.

Un buen día de esta primavera temprana, llegó a mis oídos que la librería no iba a desaparecer. Confieso que me alegré, como si de algo mío se tratara, y fui en busca de las fuentes para saber si era cierta o no la noticia de la reapertura.

«Es cierto. Estoy estos días poniendo todo a punto para levantar el cierre y seguir en el puesto en el que he estado desde que tenía catorce años», comentaba Francisco José Heras, popularmente conocido como Chiki, quien ha pasado su vida laboral tras el mostrador de la librería.

«Empecé como todo el mundo empieza, trabajando en lo que te manden, aprendiendo de la mano del gran hombre que fue Juan Evangelio. Un ser entrañable que fue para nosotros más que un jefe, el dueño de establecimiento, un padre», dice Chiki, con emoción no disimulada. «De hecho, el establecimiento va a llevar el nombre de su propietario. Es un pequeño homenaje a la labor callada y paciente que a lo largo de toda su vida llevó a cabo», señala el nuevo responsable del comercio.

Limpieza a fondo, colocación de novedades, clasificación por materias, son algunas de las tareas a las que el nuevo inquilino se ha dedicado en los últimos dos meses, «al margen del papeleo, de los trámites y de la exposición de objetos y material para la cercana Semana Santa, como siempre hemos hecho en Evangelio. Si algo funciona, no hay motivo para cambiarlo». Continuar.

Y así debe ser. Seguir la senda marcada, con el sello propio del nuevo responsable, pero conservando el sabor del comercio de toda la vida, de los anaqueles repletos de libros y cuentos, con el expositor de plumas y bolígrafos girando sin parar. Como la vida misma.

«Emprender esta nueva andadura siempre es una aventura, pero estoy convencido de que el público seguirá respondiendo como lo ha hecho siempre», dice esperanzado Chiki, al tiempo que se afana en dar su toque personal a las filas de libros de temas conquenses «que no pueden faltar en un lugar como este, y donde han tenido un lugar preferente y al alcance de la mano».

La vieja-nueva librería vuelve a recobrar la vida y a devolver el aliento a quienes vimos el cierre como algo irreversible. Por suerte hay una segunda oportunidad.

Estoy deseando volver a entrar en la libreria, aspirar el olor de los libros, escudriñar las estanterías en busca de la edición renovada de la Enciclopedia Álvarez, el viejo catecismo (que ya no se edita), y los cuadernos de Rubio (que buena falta me harían para mejorar mi maltrecha caligrafía). El joven librero sigue tras el mostrador, del mismo modo que el querido y añorado Juan Evangelio. Siempre en la memoria.