Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


Cerraduras y tesoros

Se cerró la puerta pero la llave quedó dentro. Hubo que llamar al cerrajero pues los blindajes impedían cualquier acción fácil, demasiadas seguridades para mis escuetas pertenencias, y la alarma desconectada, sin embargo, lloraba. Tuvo que venir otro cerrajero más especializado en este tipo de fortalezas y solo fueron unos minutos los necesarios para abrir el portón principal del alcázar. Me contó que ahora hay tantos métodos para abrir que poco importan los blindajes, así que añadió una cerradura sencilla y práctica, de toda la vida, me dijo, que hacía el mismo cometido y no costaba como la otra, una fortuna, casi más cara que lo que en la casa guardaba. A veces las defensas valen más que lo defendido, el castillo más que lo que guarda. Lo que imaginar no podía es que a los pocos meses este ingenio mecánico moriría con extraña torpeza pues, según me dijeron, ya no permitía entrar llave alguna. Me habían colocado un cerrojo de imitación, de origen chino de mala calidad, una falsificación... A poner otra nueva, de nuevo. La calidad es barata al final aunque cueste algo más. 
El dichoso cerrajero se había ahorrado con eso unos dineros que así llenarían sus bolsillos: este es el mal del siglo, una sociedad que adora a Mammón, la que el papado condena, la que condenan los partidos de izquierdas y parte de las derechas, la que repudiaban Marx, Engels o Bakunin. Ideales desaparecidos, la fe flácida o muerta en muchas conciencias, la ética en los mínimos... Cada uno a lo suyo, el dinero nos hace egoístas. Ganancias, las mías; las del resto ¿a quién le importan? Y luego nos quejamos de que el hijo del presidente de Cuba, la nación revolucionaria de Castro y el Che Guevara, se mueva con ostentación en avión privado para ir de una canción a otra, derrochando de fiesta a fiesta; también sucede con nuestros políticos cuando, después de bramar contra el sistema, una vez llegan a su cima, se acogen a sus encantos y defienden lo propio, muy por encima de la media de obreros y ciudadanos de a pie, como lo más adecuado, con jardines la hacienda y piscina no muy proletaria.
Todos queremos los tesoros y la isla donde a veces los guardamos no nos los devuelve porque los robaron; la mayoría, nunca los alcanzaron. Tema clave de nuestro tiempo, según señala estos días Lipovetsky. Gran irritación de la población ante un sistema democrático que no lo es tanto y que favorece exageradamente a unos pocos, pero apenas hay almas limpias que al llegar a las alturas obren como se espera de los corazones realmente honrados.
Sin embargo, campañas individuales casi heroicas emergen, una nueva «Madre Coraje» en la Corte, a lo Brecht, defiende a sus hijos de las casas de apuestas, plaga que se extiende: la tiranía económica.



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