NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Consensotonina

Estoy convencido de que la paz social genera empleo. Ya sabemos que da estabilidad y genera confianza. Quizá no haya estudios de qué porcentaje del empleo de una región se crea en función del grado de paz social, pero hasta que no venga alguien a demostrarme lo contrario, mantendré que la paz social genera empleo. Y que el diálogo fluido entre empresarios y sindicatos, y arbitrado si quieren por la administración, permite que se den las condiciones necesarias para que se genere ese empleo. Que el acuerdo es bueno para que las empresas se fijen en la comunidad, porque el consenso deja las cosas claras de antemano, sin sorpresas. Es evidente que el consenso no logra los planteamientos de máximos ni de unos ni de otros, pero establecer de antemano la voluntad de trabajarlo no significa que se esté cediendo en esas pretensiones.
Yo no sé qué sustancia se activa en el cerebro cuando se alcanzan pactos, pero debe ser parecida a la serotonina, presente en las neuronas y muy relacionada con el estado de ánimo de las personas. ¿La llamamos ‘consensotonina’? Es lo que les debió recorrer por el cuerpo este miércoles a los firmantes del Pacto por el Crecimiento y la Convergencia Económica de Castilla-La Mancha 2019-2023. Una versión, esperemos que con la misma ambición, del Pacto por la Recuperación firmado en 2015 para desarrollar durante la legislatura pasada. A la vista de los acontecimientos a nivel nacional, es evidente que hay quien nace con esa glándula sin capacidad para producir esa sustancia, pero eso ustedes ya lo saben.
Es quizá por eso que el presidente quiera regularlo por ley. «Los indicadores dicen que hemos avanzado rápido, pero no lo suficiente», apuntó García-Page a modo de resumen de la filosofía que está detrás de este acuerdo -que hay que decir que es un preacuerdo porque se desarrollará a partir de septiembre-, con el ánimo de colocar a la región en la media del país, tanto en crecimiento económico como en bienestar social. Porque aún mantenemos un lastre importante de más del 15% de paro. La creación de más de 100.000 nuevos puestos de trabajo en los próximos cuatro años es por tanto uno de los objetivos de este plan.
La lucha contra la despoblación también está entre los objetivos del documento. Pero no por el capricho de que la gente se quede a vivir en los pueblos porque sí, sino para sacar el máximo partido a su potencial. Se planteará por tanto una reducción fiscal para las zonas afectadas por la despoblación, para que los territorios tengan más fácil optar al crecimiento. A esto lo llamó “paz fiscal”. Igual es demasiado ambicioso, pero espero que no se quede en papel mojado porque a mí se me ha activado la ‘consensotonina’. Que la paz social y fiscal sea con ustedes.