TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Éxito mal entendido

La del miércoles era la penúltima ocasión que le quedaba al madridismo para sopesar qué quiere para la próxima campaña. De nada le vale que mañana le meta (o no) cinco al Eibar y pasado cuatro al Leganés (las dos próximas jornadas de Liga). No queda absolutamente nada más que la dejadez de una plantilla acomodada, y en el horizonte a corto plazo, ni un solo partido atractivo ante rivales de postín, de esos que este año ha perdido todos o casi todos. 
Decía un títere radiofónico, de ésos que parecen estar en nómina de Florentino, que era imposible prever algo así después de ganar la Champions porque «la Champions es lo máximo» y quien la gana tiene la mejor plantilla y el mejor equipo y es un titán, un máquina y un mastodonte. Aún sacaba pecho, el fenómeno… Es de los pocos recalcitrantes que quedan por ahí, de los que siguen echándole la culpa de todo a la fortuna, los arbitrajes, la sombra de Villar, el doping de Messi y Yoko Ono. ¿Autocrítica? No sabría deletrearla… 
‘Happiness is a warm gun’, cantaban los Beatles, cuya traducción literal (‘La felicidad es un arma caliente’) esconde el enigma: ¿Todo está bien si al final somos felices?. El éxito tiene un peligroso aliado en el inmovilismo, y desde hace algún tiempo los mercados se mueven mucho más rápidos que el balón; es decir, que ganes hoy no significa que ganes mañana el mismo partido porque probablemente el rival ya se habrá reforzado. 
El madridismo, en efecto, ha contemplado esta semana la puesta en marcha y escena del faraónico proyecto plateado del Bernabéu y la debacle (el 2-1 de Valencia) de un equipo que se arrastra lánguido hacia el final de un campeonato maldito. Desde hace algún tiempo, y por eso han aparecido casi medio centenar de nombres, ya no piden resultados ni obras propias de un megalómano, sino revolución.