TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


El cielo calla

22/02/2021

Ahora, en el tiempo presente, se han vuelto caros los abrazos, diríase que algunos no tienen precio y otros se han vuelto inalcanzables, como los que se han pospuesto para otro tiempo que no es el presente, algunos dicen que el de la otra vida. Esperar que se solucionen los problemas de la Tierra parece imposible, y muchos imploran al cielo perdiendo la esperanza de que desde lo alto alguien conteste cuando los ejércitos de algunos países organizan matanzas de inocentes; cuando unos pocos viven muy bien y controlando casi todas las riquezas de la Tierra, y hay una mayoría que pasa hambre o muere por enfermedades que la medicina hace mucho que ya puede curar. Se implora al cielo cuando hay cataclismos que asolan a poblaciones enteras que ya arrastraban pobrezas endémicas, terremotos, tsunamis. Hay silencio tras las bombas asesinas o el tiro en la nuca, algo que conocemos en España. Silencio cuando la justicia solo sirve al interés corrupto de los gobiernos. Hay clamores en el orbe que nadie parece escuchar, y ya ni siquiera nos visitan los profetas.
¿Y nosotros, escuchamos la voz de la tierra, la que nos dice que no la maltratemos más? No escuchamos su voz y sí préstamos oídos a charlatanes y bocazas, presentadorcetes, actorcillos, politicuchos, famosillos, cotillos chusmos con micrófono, cantantetes y cantamañanas, cuando nos hablan y opinan de cosas que desconocen, como la pandemia, la economía, la justicia, o el bestiario político que nos rodea. ¿Quién tiene interés en que a estos mindundis les pongan un micrófono o una cámara para amplificar el ruido que cual artimaña se expande por el globo? La gente quiere verdades, seguridades, y solo escucha palabras que confunden, imágenes que han superado la censura oficial del interés de los que mueven los hilos de los títeres del mundo.
Mal vamos si no escuchamos a los que son asesinados por reclamar la heredad de los campesinos, asistir a una iglesia, o defender la dignidad de muchos venezolanos. Mal si no escuchamos la voz de los indígenas sin tierra en el Amazonas o en muchos países de África. Mal si no escuchamos a las niñas que violan los fundamentalistas de Nigeria. Mal si no oímos los gritos de los niños que son sodomizados a veces por políticos y por famosos. Mal si no escuchamos la angustia de los que son esclavizados. Mal si seguimos sin enterarnos de que las mafias de seres humanos arruinan la vida de muchas familias durante generaciones. Mal si no oímos las suplicas de las mujeres y los hombres maltratados en la intimidad el hogar. Mal si no nos damos cuenta de quienes son esas personas que luchan por un mundo justo allí donde más que nunca es necesaria la solidaridad, el ofrecer oportunidades y un trato humano a los desheredados de la tierra. Mal si creemos que las vacunas han de ser sobre todo para el primer mundo. Si no oímos esa voz quizá no oigamos la voz del cielo, mal si pensamos que esa voz no va con nosotros. ¿Si silenciamos la voz de nuestra conciencia como la vamos a oír? Muchos no entienden que tener por tener puede hacer que uno se sienta vacío y quizás tarde comprenderán que sus posesiones pueden ser su ruina. 
El cielo si habla: estamos rodeados de belleza, nacimos libres, la vida fluye en todos los rincones del planeta, escuchemos.