Efecto diluido

M.R.Y. (SPC)
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Un año después de autoproclamarse «presidente interino», Guaidó ha visto cómo Maduro se mantiene en el poder y los antichavistas están cada vez más desencantados ante el incumplimiento de sus promesas

El líder opositor ya no cuenta con los multitudinarios respaldos en las concentraciones que convoca para exigir el «cese de la usurpación» del actual Gobierno. - Foto: Rayner Peña

El 23 de enero de 2019, Juan Guaidó, apenas conocido en el ámbito internacional pese a ser, desde hacía poco más de un mes, presidente del Parlamento de Venezuela, alzó la voz contra el Gobierno de Nicolás Maduro. Y lo hizo de un modo que no pasó inadvertido en todo el planeta: Constitución en mano, en un multitudinario acto en Caracas para conmemorar los 61 años de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se autoproclamó jefe del Ejecutivo caribeño. Lo hizo interpretando las atribuciones del artículo 233 de la Carta Magna, por las que asumió la Presidencia interina con tres claros objetivos: cesar la «usurpación» de Maduro -que días antes había tomado posesión de su cargo tras ganar las elecciones de 2019-, conformar un «Gobierno de transición» y convocar elecciones «libres y democráticas».
El anuncio fue rápidamente respondido desde el exterior y el presidente de EEUU, Donald Trump, fue el primero en reconocerle como mandatario «interino y legítimo» de Venezuela. A él se sumaron más de medio centenar de Gobiernos e instituciones, poniendo en jaque al recién investido dirigente.
Sin embargo, casi un año después, poco o nada ha cambiado. Maduro permanece en el Gobierno, Guaidó continúa con su lucha por echarle del poder -incluso, hace unos días, el opositor fue relevado al frente del Parlamento-, la comunidad internacional sigue a la espera... Y los venezolanos se han desencantado.
El joven político antichavista, de 36 años, se había erigido en el adalid de una revolución que se ha ido apagando con el paso de los meses. «Entono el mea culpa por no haber hecho lo suficiente, pero hemos hecho todo lo que ha estado a nuestro alcance», aseguró hace unos días, tras ser relevado en la Asamblea Nacional por el diputado disidente Luis Parra.
Consciente de que su efecto se ha diluido, el dirigente opositor ha comenzado 2020 con un nuevo pulso, el de recuperar el poder del Parlamento.
Pero las expectativas de cambio que encabezó hace un año apenas resisten. Para muchos, incluso, se han desvanecido. «Se le dio todo el apoyo que se le pudo dar y no ha estado a la altura de nuestras expectativas», apuntan desencantados antichavistas.
Como ejemplo, las multitudinarias manifestaciones que en enero de 2019 congregaban a decenas de miles de personas para exigir la marcha de Maduro con Guaidó al frente han perdido afluencia y el pasado fin de semana, en una convocatoria similar, apenas se reunieron 500 ciudadanos en Caracas.
Un reciente estudio internacional revela que la popularidad del opositor se ha desplomado en solo 12 meses, de un 63 por ciento de respaldo en enero del año pasado a un 38,9 por ciento al concluir diciembre. Pero, sobre todo, se ha evaporado la «esperanza de cambio». «En enero de 2019, más del 60 por ciento de los venezolanos creía que la oposición podría sacar al Gobierno de Maduro en los siguientes tres meses. Hoy, solo un 20 por ciento lo cree», apunta el documento.

Cita con las urnas 

A todo esto, se suma una importante cita con las urnas. En 2020 se deben celebrar elecciones legislativas, a las que la oposición aún no sabe si concurrirá, habida cuenta de que todo apunta a que es prácticamente imposible que el antichavismo repita su contundente triunfo de 2015.
Serían los segundos comicios consecutivos sin participación de una alianza contra Maduro, después de que hicieran lo mismo en las presidenciales de 2018. No les fue bien en aquellas, cuando se demostró que los contrarios al Gobierno estaban divididos y no podían maniobrar y un nuevo boicot sería, según los analistas «un error».
Tal es la fricción, que el que fuera candidato a la Presidencia en 2012 frente a Hugo Chávez, Henrique Capriles, no ha dudado en cargar contra Guaidó, al igual que otra de las caras más visibles de la oposición, María Corina Machado, quien abogó a principios de mes por cambiar la estrategia y emplear la fuerza para acabar con Maduro. Un planteamiento que podría ganar respaldos y poner, aún más, contra las cuerdas al país.