TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Listos

Unos amigos caminan hacia el local de moda, custiodiado por un portero tamaño armario Söngesand de Ikea. El 'listo' del grupo abre la boca («Dejadme hablar a mí»), pero el portero, sin inmutarse ni cambiar el gesto, es contundente:

- Lo siento. La discoteca está cerrada.

Claro, claro, piensa el 'listo', «y por eso estás tú aquí guardando la puerta, porque está cerrada, ¿verdad?». Dos colegas se van a casa, pero otros aguantan. Es el más espabilado de la cuadrilla por algo. «¿Seguro que no nos puedes hacer un hueco?», insiste.

- Le repito que la discoteca está cerrada.

Otro amigo se despide. «Ya es hora». El 'listo' se niega a que la noche termine justo 'ahí', con las ganas que tiene de alargarla. «¿Qué necesito para poder entrar?», le dice al portero, y éste respira profundamente (como respiras armarios Söngesand) para no gritarle: «¡Las llaves, tonto del culo!».

- No se puede entrar porque está cerrada. Si vienes cuando esté abierta, traes la entrada o un pase, te dejaré entrar.

Tres amigos más se van. Se queda solo. Se niega a que un simple portero le estropee el plan. «A mí, ¡precisamente a mí!»…

Él es el COI, la discoteca los Juegos Olímpicos y el portero, el sentido común. Así han estado durante semanas los golfos del comité, insistiendo e insistiendo en celebrar algo que no se podía celebrar sólo para salvaguardar sus intereses económicos. Deportistas sin entrenar, sedes sin seguridad plena, etcétera. Y al final, amigos yéndose (renuncias de Canadá, Australia...).

- ¿Sabéis qué os digo? Que creo que está cerrada…

… Y cuando se giró para reconocer su error y cabezonería, ya no había nadie para escucharle.