VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


La reclusión

Confieso que el confinamiento domiciliario al que nos vemos sometidos los españoles es para mí una oportunidad. Y no entiendo el agobio colectivo por una medida así. Sé que a muchos conciudadanos se les cae la casa encima cuando no se puede salir a la calle, que necesitan socializar y no tener sobre sus cabezas un techo durante el día y la noche. No soy de esa especie. Siento verdadera pasión por estar en casa. En los tiempos profesionales de mayor actividad siempre he echado de menos el tiempo libre para disfrutar en el domicilio de todo lo que está vetado fuera de él: un buen libro para leer, la placidez de la música de fondo o en primer plano, y sobe todo las películas como fuente de conocimiento y de entretenimiento. El asunto llegó a atormentarme en una época de la vida en que sentía la necesidad de aprender más de esas disciplinas y la obligación de pasar toda la jornada laboral fuera de casa de sol a sol lo impedía como una condena implacable. Pero ya ven, la vida tiene etapas para todo y ahora toca lo contrario.

No entiendo para nada al paisano que grabó su video vociferando que se aburre en este marasmo, video que se ha hecho viral en las redes y en los medios. El gritón tiene de puertas adentro oportunidades únicas de emplear su tiempo. Nadie ha debido decírselo, pero la mente puede estar activa metiendo en su interior historias de novelas, series o largometrajes. Culturizándose, en una palabra. Estos tiempos muertos de nuestra vida parece que ponen a prueba nuestra capacidad para seguir aprendiendo, y rechazar la ocasión gritando al mundo la desidia y la banalidad, apuntando a la calle como única fuente de ocio, disfrute y entretenimiento, dice poco de nuestra formación como sociedad. ¡Con las oportunidades que hay para recorrer el mundo a golpe de un click!

La reclusión ha dado pie a las más imaginativas formas de entretenimiento, solos o en compañía de otros. Los hay que juegan al pádel de ventana a ventana, y otros organizan partidas de bingo en vecindarios como el de Hitchcock en La ventana indiscreta. Las terrazas, balcones y ventanas han demostrado estos días su utilidad oculta: son canales de comunicación con el vecindario. Y el encierro ha dado pie también a la solidaridad y el agradecimiento colectivo hacia los que se esfuerzan en curarnos y en atendernos, en que no falte de nada en este cerrojazo de las ciudades españolas. Han salido hasta banderas a relucir en un país que tiene una parte significativa de la población al que su propia bandera le provoca sarampión repentino. Bien por la cuarentena.