RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Política emocional

Trabajar con datos de audiencias en Internet ayuda mucho a entender cómo está evolucionando la política. Cuando tengo que simplificarlo mucho, lo resumo así: las noticias que apelan a la razón hacen que los lectores más instruidos vuelvan a leer el periódico; pero son las noticias que apelan a la emoción -indignación, odio, amor, humor..- las que consiguen viralizarse en redes, las que pasan de un grupo de WhatsApp a otro y acaban batiendo récords.
Siguiendo esta misma lógica, los nuevos populismos han volcado la comunicación política hacia la emoción. Hay líderes, como Trump, Johnson o Iglesias que son muy buenos en ese terreno. Otros, como Pedro Sánchez, tienen magníficos asesores. Ante ellos, los políticos heterodoxos, incluso los más sólidos, corren dos grandes peligros. El primero es terrible: quedarse desconectados del debate público. El segundo es peor: hacer el ridículo intentando dar el salto hacia el mundo de las emociones sin paracaídas.
La famosa niña de Rajoy, o el perro oliendo a leche de Rivera, son dos buenos ejemplos de ello. Políticos que no manejan bien el lenguaje emocional –incluso lo desprecian– y se lanzan a lo loco, apremiados por asesores poco hábiles y por encuestas desfavorables. Salvini ha llegado tan lejos por haber decidido utilizar ese lenguaje, sino por ser realmente bueno haciéndolo. En contra de lo que solemos pensar, no es en absoluto sencillo provocar emociones sin despertar suspicacias. Por cierto: el paso de la política racional a la política emocional en la antigua Roma fue también el paso de la República al Imperio.



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