TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Coruxo

La UEFA, habitual del palo y la zanahoria con los equipos grandes (te quito en los titulares, te doy por lo bajini) ha tardado una eternidad en centrar el tiro de las prohibiciones con la política de cedidos de clubes de elite, que fichaban volquetes de «niños prometedores» con el único objetivo de que no los fichara el otro, y los ponían a jugar en clubes filiales, en convenidos, en modestos y en menores: si rendían, si daban ese complicadísimo paso de promesa a realidad, ya lo hacían bajo MI tutela y MI sueldo… y así encontrábamos a equipos ingleses, italianos y españoles, básicamente, con plantillas ficticias de 40 o 50 jugadores, veintitantos propios y otros veintitantos pululando por Europa intentando hacerse futbolistas. Ese abuso de poder ya tiene fecha de caducidad.

Ahora vayamos al otro, al que llevó al Coruxo (equipo de Segunda B herido en su orgullo tras perder 4-0 ante el Castilla) a escribir esto: «Quedaos a gusto con los 30 millones -el precio que pagó el Real Madrid por Reinier, que marcó dos goles en ese partido-, hay clubes en Primera que no tienen esa inversión. Si juntamos a los 80 clubes de la categoría, no manejamos ese dinero. Recordad que hace dos jornadas Rodrygo, de 54 millones, les salvó los muebles al final del partido contra el último de la tabla». Y por mucho que sean niños de 18 y 19 años compitiendo contra adultos, a los presidentes del Coruxo y de los Coruxos de Segunda B no les permitirían fichar a ese nivel por aquello del límite salarial, el fair play financiero y demás exquisiteces legales. Entonces, ¿cuál es el límite de un filial respecto a sus competidores? ¿Pueden los jóvenes figurones subir y bajar de categoría con libertad para ayudar a un club en peligro? ¿No es ésa una clara forma de adulterar una competición? Señores de la UEFA, ahí siguen teniendo trabajo.