LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Comanchería

Si el Brexit se hubiese producido en España, el resto del Continente se burlaría de nuestra torpeza. No puedo ni imaginar la agonía que está pasando Theresa May al comprobar que ni siquiera su partido valora sus esfuerzos. Tampoco ayuda que durante todos estos años, el gobierno no haya establecido un protocolo oficial de salida para imprevistos, el cual parece un instrumento lógico para evitar que a los negociadores no les entre el vértigo ante una salida sin plan B.
Este resumen nos demuestra que los británicos hacen buenas series, pero tienen políticos humanos y que los ciudadanos viven con las mismas contradicciones que el resto de Europa.
Ya existe demasiada literatura sobre las consecuencias, opciones o escenarios que un Brexit puede arrojar; aburre casi tanto como los independentistas diciendo que en España no existe libertad de expresión. Sin embargo, nadie habla sobre por qué hay un “sentimiento Brexit”.
Pese a la pomposidad de algunos al abrazar la bandera como si tuviera poderes taumatúrgicos, ser patriota exige hacer lo correcto por tu país. Y en este apartado el partido conservador debe hacer un examen crítico ya que hace tiempo que los laboristas se dieron por vencidos. La historia nos recuerda que el partido Tory fue el que solicitó la incorporación a la UE, mientras los laboristas se opusieron firmemente. Esta radical diferencia impone una doble responsabilidad a los conservadores opuestos a la UE porque van en contra del pasado de su partido.
Es legítimo no querer formar parte de la UE; hay razones o sentimientos de sobra que apoyan dicho argumento porque la libertad política y la soberanía nacional otorgan ese derecho. Tener dicha opinión no conlleva tener razón solo que se posee un proyecto político.
Hace tiempo que los partidarios del Brexit lo saben, pero les puede la cobardía. Es hora de que den un paso al frente y formen un nuevo partido. Desde esa plataforma tendrán la oportunidad de pedir la confianza a los votantes. Es posible que con ese gesto arriesguen su futuro político, que puedan perder el poder o que otro partido obtenga una victoria electoral aplastante.
Éste sería un acto sincero y honesto porque un programa político junta voluntades y después se crean los partidos. Cuando se va en la otra dirección solo se busca el poder. Los políticos llevan tanto tiempo mintiendo que han perdido el espíritu de servicio. Cada votante debe buscar el sano equilibrio entre pragmatismo y principios sin olvidar las consecuencias.