TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Más intenso

No importa lo lejos que hayas llegado: siempre habrá alguien más allá. Si escuchas esto puedes desmoralizarte, asumirlo con resignación o tratar de alcanzar a esa persona. O puedes vivir con normalidad. O, demonios, aceptar el reto de ser tú esa persona más allá de todos. Por ejemplo, podemos ir por la vida mirándonos el ombligo y pensando que no habrá nada más 'intensito' que Bordalás con el Getafe o Simeone con el Atlético, y resulta que Jurgen Klopp está diez, cien, mil kilómetros más allá de todo esto.
    El técnico alemán (Stuttgart, 16 de junio de 1967) es un bigardo de 191 centímetros y sonrisa de treinta dientes que convierte sus equipos en máquinas de tortura para el rival. No hay tiempo para pensar: son noventa minutos de velocidad, presión y aparente caos del que su Liverpool (antes su Dortmund) suele salir victorioso. En Anfield, con el 'comandante Klopp' trazando hipotenusas en la pizarra, no hay lugar para la relajación: si Salah tiene que correr 70 metros al sprint para tapar una contra del Oporto, se corren; si Firmino debe superar los 12 kilómetros entre presión a los centrales y desmarques, se superan; si Henderson o Milner tienen que recordar a aquel incansable futbolista inglés 'ochentero' y romperse una tibia contra el poste, se la rompen. Klopp ha logrado que la plantilla tenga fe ciega en su idea. Es lo que tienen los enamorados de su trabajo cuando los resultados le dan la razón (la última final de 'Champions' dolió pero llenó de crédito el discurso del entrenador): si te pide que estrelles el frontal contra un muro por el bien del equipo, y ves que te lo pide en serio, te lo crees. Con el liderato de la Premier en la mano (una dura batalla con el City), más de medio billete para semifinales de la Copa de Europa, un portero que no es Karius y Anfield como argumento infalible, el Liverpool de Klopp puede hacer (casi) todo lo que se proponga.