CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


8-M con polémica previa

Con los miembros del gobierno divididos, con representantes del PP y Ciudadanos y ausencia de Vox, feministas de toda España se han lanzado a la calle pasa sumarse a las manifestaciones del 8-M.

Si la ministra de Igualdad quería polémica previa para garantizarse el foco de atención, la ha conseguido con creces. Hasta ahora Igualdad era el ministerio mimado por los gobiernos socialistas, pero Sánchez lo cedió a Podemos porque se empeñó en ello Pablo Iglesias, que lo quería para su mujer. Dato machista, sí, pero no se puede permitir que por miedo a ser calificada de machista se dejen de decir verdades como puños. La prueba de que Montero no estaba a la altura para ocupar ese ministerio es que, desde que lo ocupó hace dos meses, no ha pasado un día sin tomar alguna decisión que ha sido considerado ridícula o disparatada por destacadas militantes del feminismo. O, lo que es más grave, ha tomado decisiones que debían ser consultadas previamente con el ministerio de Justicia, entre otras razones porque sus iniciativas obligan a meter mano en el Código Penal.

Montero se apuntará que ha habido una afluencia masiva en las manifestaciones del Día de la Mujer, pero previamente ha dañado seriamente la estructura del gobierno, ha roto la obligada unidad entre los ministros y ha provocado un deterioro de la imagen del presidente. Irene Montero también ha dado un rejonazo a la vicepresidenta Carmen Calvo, que ha sacado de más de un atolladero a Pedro Sánchez y a partir de ahora probablemente se quedará al margen de algunos asuntos que promueve el equipo podemita para no salir escaldada del intento, ya que ha vivido en propia carne que, si hay que elegir, el presidente elige a Pablo Iglesias, que es el que le garantiza la continuidad en Moncloa.

El 8-M ha sido un día de manifestaciones multitudinarias, como siempre y a pesar del coronavirus. Pero en esta ocasión no para honor y gloria del feminismo, partido en dos, en cuatro o en lo que sea, sino para honor y gloria de una Irene Montero que no tiene ni idea de cómo se dirige un ministerio, cómo se prepara un decreto ley, en qué consiste formar parte de un gobierno, y mucho menos sabe que no se pueden imponer líneas de pensamiento queer a feministas que llevan años peleando por la igualdad de derechos de la mujer, en lugar de perder el tiempo debatiendo sobre el sexo de los ángeles. Y nunca mejor dicho, porque el feminismo queer no reconoce sexo masculino y femenino sino el que cada uno quiera tener en cada momento de su vida en función de sus circunstancias personales.

Así que, enhorabuena a Montero porque ha tenido mucho público, pero solo queda animar a las feministas rigurosas a que no tiren la toalla ante una ministra que promueve iniciativas de forma desquiciada. Con el apoyo inconcebible del presidente.