CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La moda de los escraches

No se había pasado página, como creían algunos ingenuos. Estacampaña electoral en la que han resucitado figuras que mejor estarían definitivamente fuera de juego político porque no aportan nada, han resucitado también malos modos de pedir el voto, peores maneras de atacar al adversario –hay que ser inteligente para noquear al enemigo con palabras- y se ha primado la edad frente a la experiencia, ha vuelto a primer plano la violencia verbal y física. Reaparece el escrache, palabra que se puso de moda en varios países latinoamericanos y que llegó a España hace unos años dando la razón a quienes dicen que lo malo es lo primero que traspasa fronteras.

Las redes sociales, y las siglas de partidos que no merecen un solo voto, alientan esos actos que provocan vergüenza, y que en los últimos días se han vivido especialmente, con toda su crudeza, en el País Vasco y Cataluña. La intolerancia independentista, que no cesa. Con el ingrediente añadido de que los desalmados que insultan, bloquean el paso, y agreden a quienes quieren hacer campaña en su territorio, acusan de provocadores a los políticos que no coinciden con su ideología. Es especialmente sangrante el caso de Maite Pagazaurtundúa, vasca de raza, que no se ha achantado ni siquiera cuando los terroristas asesinaron a su hermano, y a la que los miserables de siempre han pretendido callarle la boca diciendo que allí no pintaba nada. Como si aquella no fuera su tierra. Y aunque no lo fuera.

Se echa de menos que desde la izquierda, y desde el nacionalismo moderado, no denuncien con energía las agresiones de quienes no tienen mejor manera de defender sus ideas que liarse a tortas, dialécticas y físicas.

Ya es triste que algunos candidatos tengan que acudir a algunos lugares con personal de seguridad ... ya es triste.

Esta no es la España que merecemos, y alguna medida tendría que tomar el gobierno para garantizar que los partidos conservadores, que son los agredidos, puedan hacer campaña. No se pide el voto en igualdad de condiciones, porque hay candidatos que si defienden determinadas siglas se exponen a ser agredidos, corren peligro de que sus domicilios o negocios sean asaltados por vándalos, que se amenace a los que acuden a sus actos electorales y que en determinados círculos, como en la Autónoma de Barcelona, además de ser agredidos se les considere invasores de un espacio que no les pertenece. Simplemente porque quieren que su voz llegue a todos los rincones incluida esa universidad que, en tiempos pasados, acogía en sus aulas a alumnos llegados de toda España, orgullosos de haber conseguido pasar los filtros académicos que se exigían. Académicos, no políticos como ocurre ahora.

Lo que ocurre en esta España electoral solo se ve en países con gobiernos que alientan la confrontación social y la Justicia brilla por su ausencia. Algo deben hacer, o deberían hacer, los que gobiernan.