LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


La crisis, de nuevo, la pagan los de abajo

14/04/2020

Cuando llegan las vacas flacas la historia se repite por mucho que los ejemplos sean otros. En torno a 1920, hace un siglo, embarcaban a montones de jóvenes (hoy serían considerados niños), hacia el norte de África para las guerras y escaramuzas que España mantenía con las tribus del Rif. Iban obligatoriamente. Los que tenían dinero evitaban el trance de jugarse la vida y seguían su vida normal. Recordando a Antonio Machado, entonces estábamos en manos de hombres de casino provinciano conservadores, o de liberales que tornaban cual cigüeñas al campanario para hacer lo mismo que los primeros. Pero ahora, citando la republicana constitución de 1931, estamos en manos de «trabajadores de todas las clases».
¿El resultado? Con la normativa de emergencia que presentan, los de siempre pagan el pato, pues como ya denunciaba la semana pasada, la incongruencia de sus medidas con el fin que persiguen es muy comprobable y terminamos cada uno dependiendo de nuestros propios medios. Veamos dos ejemplos: siguen barajando que los niños no vuelvan al cole este curso.
Las familias que podemos pagar alguien que los cuide saldremos más o menos del apuro mientras que las que no, o bien fallarán los padres en el trabajo con los efectos previsibles, o bien los mandarán de tapadillo con los abuelos, poniendo en riesgo a estos. Encima los que no tengan forma de conectarse habitualmente a la red o simplemente posean, como la mayoría, un solo ordenador en casa (cuando se tiene) pero más de un niño, no estarán en condiciones de seguir las tareas.
Otro caso: siguen machacando hasta la extenuación a los autoempleados y sus familias, mayoría entre los autónomos. Si estos cumplen con el confinamiento, inacabable ante la falta de llegada de los test masivos, consolidan la ruina actual sin esperanza de salir, tras lo cual tendrán que actuar como está sucediendo en el mundo subdesarrollado: antes de pasar hambre en mi familia, me escapo a hacer todo tipo de chapuzas o a colocar mis productos, con lo que pongo en riesgo a todo mi entorno, como mal menor.
Eso no afecta a El Corte Inglés, que tiene la capacidad de distribución suficiente on line para venderte un electrodoméstico que al de la pequeña tienda o al franquiciado no le dejan vender; o en la hostelería, a las cadenas de restauración que a partir de esta semana reparten comida por su mejor infraestructura. Así podría seguirse con casi todos los sectores y la línea común sería siempre la misma: se matan moscas a cañonazos (confinamientos dudosamente constitucionales sin declarar el estado de Excepción) por la ineficacia diaria en no delimitar grupos de riesgos. Como le dijeron en 1932 a la delegación española en la Sociedad de Naciones, con diplomáticos de saneada economía y con Salvador de Madariaga al frente: ¡Voilà les travailleurs!



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