TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Cruces

El Papa nos recomienda que llevemos una vida armoniosa, que consiste básicamente en respetarnos a nosotros mismos y a nuestro cuerpo, que el Papa Francisco vincula, como no podría ser de otro modo, a la unión con Dios. Pensamiento actual es el del Papa cuando nos habla del pecado diciéndonos que trasforma el jardín del Edén en desierto arrasando con todo y todos cuando el egoísmo y la intemperancia del hombre actúan sin pensar en el hombre. Amarse para amar es conveniente sin esperar a estar desesperados, rotos. El cristianismo no nos invita a hacer dietas «milagrosas», y el ayuno católico casi siempre es mal entendido, tiene un fin liberador y nunca será un castigo. Los que han sido acusados de pederastia siendo personas de vida consagradas lo son por no haber ayunado de la carne, y por ello han causado violencia a niños y jóvenes, y no vale con silenciarlo o encubrirlo. La iglesia es la primera que debe ayudar a los que han sufrido violencia, y no solo eso, es la que más debe colaborar para que los culpables sean condenados. La iglesia está formada por hombres entre los que siempre hay algún canalla que se esconde. El Papa dice más cosas y es feliz cuando ve que hay cruces vivas como la que lleva Leticia Gutiérrez Valderrama, a la que han intentado quemar viva varias veces. En 2008, Leticia se plantó frente a una turba armada que puso bidones de gasolina para pegar fuego a un albergue repleto de emigrantes en Oaxaca. Ahora hay más de cien albergues católicos en México que aglutinan a grupos civiles que defienden los derechos humanos. Y el presidente priista convenció a los obispos para que fuera expulsada del país y evitar «tiranteces» con el gobierno… Y es que en México hay mujeres encarceladas por dar de comer a emigrantes. Aún así hay alguna familia conquense que con sus hijos ha estado allí ayudando a los mexicanos en las difíciles tierras de frontera durante varios años, testimoniando allí su fe. Cruz viva es el obispo de Managua, Silvio Báez, que abre la iglesia a personas perseguidas en Nicaragua, territorio donde el sandinista Daniel Ortega cuando alcanzó el gobierno lo primero que hizo fue desmantelar las instituciones democráticas, oposición incluida. Perpetuó un golpe de estado que persigue, amenaza, y atemoriza a todo aquel que como el obispo Silvio Báez defiende los derechos humanos. Cruz libertadora en España son los muchos mártires de la fe que murieron por el odio de sus asesinos y aún así antes de morir los perdonaron. En algunos casos hubo arrepentimiento pero nunca equidistancia en el odio. Los portadores de la cruz no están en las procesiones de Semana Santa, están en la memoria de todos los que sufrieron dolor y castigo por llevarla junto al que nunca quiso llevar el peso de la cruz de la incomprensión, el odio, y la injusticia. Cruz viva son las familias que llenan el vacío espiritual que se vive en una sociedad secularizada. Cruz magistral es Jill Call-Harris que lleva más de treinta años luchando por la promoción de la mujer en la India. Ella es feminista de verdad, no una feminista adictiva a un sueldo como las hay muchas en España y el mundo. Ella es feminista activa desde que renunció a una paga de más de 100.000 dólares en la ONU: «Prometen a la gente el sueño americano, trayendo una economía violenta que genera gran inequidad y desigualdades». Desde la no-violencia emana un principio básico: «no ver a cualquier otra persona como enemiga». Rechaza el marxismo que genera división cuando hace responsable a una clase de los problemas de la otra. 
García de Cortázar, SJ, nos recuerda que la conciencia humana vive una incertidumbre destructiva cuando ni siquiera es capaza de plantearse las preguntas trascendentales que inspiraron al pensamiento occidental durante milenios. El laicismo se ha convertido en una religión secularizada en la que se está robando al hombre la posibilidad de ser feliz.
La cruz más visible la encontramos en la descripción bergogliana del descarte: «grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin hogar, sin trabajo, sin salida. Se considera al ser humano como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar». Urge coger la cruz de la solidaridad, «de la restitución».