MIS RAZONES

Pilar Gómez


Sánchez, el ‘remake’ de Zapatero

En su último arreón como presidente, José Luis Rodríguez Zapatero incurrió en un gesto de aciaga demagogia. El famoso ‘Plan E’, gasto público a espuertas, sin ton ni son, para intentar congraciarse con un electorado que ya le había dado la espalda. Millones de euros invertidos en carriles bici donde no había bicis, en rotondas para ordenar un tráfico inexistente, y otras dependencias públicas que jamás se utilizaron. Después de eso, la ruina y, afortunadamente, la mayoría absoluta de Mariano Rajoy que salvó a nuestro país del abismo.

Sánchez va por el mismo sendero del derroche sin freno. El los ‘días basura’ de su breve y escuálido mandato, ha lanzado un paquete de medidas ‘sociales’, es decir, populistas, que nadie sabe aún cómo se van a costear. Pensiones actualizadas con el IPC (sólo cuatro países de Europa las tienen, y con enormes dificultades), atajar la pobreza infantil que, según sus números, afectan a casi 750.000 familias (una cifra imposible), implantación progresiva del servicio gratuito de odontología, derogación del copago farmacéutico, matrícula gratuita en el primer curso de la Universidad, y ampliable a otros cursos, guarderías gratis de 0 a 3 años.

Todo suena hermoso, fabuloso, estimulante. Y esto, ¿cómo se paga? Ni hay presupuestos ni hay fondos. La ministra  de Hacienda, María Jesús Montero ha fijado la meta del déficit para este año en un 2 por ciento. Será un 2,5, apuntan los expertos, cuando el compromiso con la UE es del 1,3, tal y como se negoció con la Comisión y se aprobó en el Congreso. Todo esto, sin contar el déficit de la Seguridad Social de 17.000 millones. Un escenario abracadabrante.

Cuando el PSOE gobierna, las cifras del gasto público se disparan, en empeños demagógicos, y ha de ser el PP quien, cuando llega al poder, arregle la calamidad. Así lo hicieron Aznar y Rajoy, mediante sacrificios que todos recordamos pero que nos condujeron a una bonanza y una estabilidad ahora añorada. ¿Qué pasará tras el 28ª? De seguir los socialistas en el poder, el panorama se antoja no solo preocupante, sino dramático. Sánchez, en su delirante gestión, está convirtiéndose en una versión, ampliada, de Zapatero. Toca, pues, votar en consecuencia y con sensatez. Veremos.