LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Quo vadis

Adelantar es un peligro constante. El vehículo pierde potencia en las rectas, se queda sin velocidad y, de vez en cuando, da extraños tirones. Tomás, que trabaja de representante en una empresa de productos cárnicos, está nervioso. Acaba de intentar sobrepasar a un camión, pero no tiene más remedio que recular. El coche no responde y él siente que se está jugando la vida.
Aunque hace escasos días el turismo ha superado la ITV, es evidente que algo falla. El comercial decide parar en un área de servicio y, justo antes de entrar al carril de desaceleración, una intensa humareda comienza a salir del capó. A duras penas, Tomás consigue llegar hasta la gasolinera. La aguja que marca la temperatura está al límite y, sin dudarlo, decide apagar el motor para tratar de que la avería no vaya a más. 
El automóvil, que ya tiene 16 años y un cuentakilómetros que ha sobrepasado los 220.000, nunca ha tenido un problema grave. Tras hacer tiempo, con la idea de que el coche se vaya enfriando, se toma un café en el restaurante de al lado. Le quedan dos horas para llegar a su reunión en Madrid y se encuentra parado a la salida de Albacete. Estresado, vuelve hasta donde había aparcado para reemprender la marcha, abre la puerta, mete la llave, pero el vehículo ni siquiera hace el amago de arrancar. Una hora después, la grúa se lo lleva. La reparación no sale a cuenta y la mejor opción es comprar uno nuevo. 
El representante está hecho un lío. Después de visitar varios concesionarios y valorar las bondades de unos y otros, no termina de decantarse. El anuncio del Gobierno de castigar a los diésel le ha dejado descolocado. No tiene nada claro. Quo vadis.
Es notorio que el sector de la automoción está atravesando su particular travesía por el desierto. Las matriculaciones de coches han caído un 4,3% en marzo y se constata una fuerte desaceleración, encadenando su peor período desde la crisis, con siete meses consecutivos a la baja, coincidiendo este descenso con la introducción del nuevo ciclo de homologación de consumos y emisiones WLTP. Los grandes perjudicados son los vehículos diésel. El desplome en este primer trimestre de 2019 se ha situado en el 40% y de cada cuatro coches que se venden en la actualidad tan sólo uno utiliza gasóleo.
Pero la ralentización no sólo afecta a las ventas. La producción de turismos ha vuelto a firmar unos números rojos que también comienzan a ser inquietantes. Son cuatro meses de cifras negativas y las alarmas han saltado a la industria auxiliar, que aguanta el tirón gracias a las exportaciones, pero que padece el denominado efecto dominó a nivel nacional, ya que, al reducirse la fabricación de turismos, la demanda de componentes baja y se necesita menos personal. 
El mercado, como sostienen desde las patronales de fabricantes y concesionarios -Anfac y Faconauto-, está sufriendo las consecuencias de las líneas maestras planteadas por un Ejecutivo, que, con sus mensajes de penalizar a los vehículos más contaminantes, demonizando al diésel, apostando por incrementar sus impuestos e incluso dejando caer la posibilidad de prohibir la circulación de estos turismos por las grandes ciudades, están sembrando incertidumbre entre la población.
El binomio diésel-contaminación no es real. Los coches actuales, mucho más eficientes y limpios, consumen un 25% menos que el equivalente a un motor de gasolina y el sector ha trabajado duro a lo largo de las dos últimas décadas, con una clara apuesta por el I+D+i, para reducir drásticamente las emisiones de CO2 y NOx. Pero el daño, sin embargo, está hecho.
Tomás conduce su nuevo turismo por la autopista. Hoy tiene que cerrar una venta importante con uno de los restaurantes más prestigiosos de la capital. Después de pensarlo mucho, se ha decantado por un coche de gasolina de última generación, que le ha salido 2.000 euros más barato gracias al nuevo Plan Moves, impulsado por el Gobierno y que ha entrado en vigor esta semana.
¿Se puede cambiar de blanco a negro de la noche a la mañana sin una transición que sirva para afrontar el futuro con garantías y que no penalice a nadie? ¿Quién va a apostar a día de hoy por un vehículo eléctrico al precio al que se venden si no existen las infraestructuras de recarga necesarias y todavía no tienen capacidad para cubrir grandes rutas? Es difícil que alguien se decante por el diésel después de la que está cayendo.
El Gabinete que salga de las urnas el próximo 28 de abril debería lanzar un mensaje de tranquilidad al consumidor, que despeje todas las dudas, enfocado a defender sus derechos y a reactivar el dinamismo de un sector que hoy es víctima de la incertidumbre. Quo vadis.