OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


A su manera

Una mesa, nueve sillas, bocadillos de calamares, botellas de agua y algún refresco en escena. Lo habitual en ellos es verse rodeados de pupitres, libros, pizarras, un piano, una mesa de profesor. Hoy es diferente. Tras asistir a un concierto fuera del centro, de horario, de “programa”,… deciden tomar algo juntos. Además, varios de ellos, antiguos alumnos del profesor, se han sumado a la experiencia; lo hacen habitualmente. Risas, confidencias y charla. Sin pretenderlo, la conversación gira en torno al futuro de los alumnos y al pasado del profesor. Todos cuentan con un perfil que, al margen de hacerles merecedores de cierta madurez, que en este caso sí acreditan, hace pensar que en efecto se trata de jóvenes con sueños, preocupaciones e inquietudes. El profesor se encuentra en su salsa. El inminente final del curso tiene su espacio en la conversación, aunque a ninguno le preocupan las calificaciones; son estudiosos y además estos son otros tiempos, señala el docente. Les cuenta que en otra época, no demasiado lejana, todo el que no estudiaba regularmente suspendía;  en la que los más brillantes preferían dejar correr convocatoria en junio para estudiar en verano y así obtener mejores calificaciones en septiembre; en la que cumplir a rajatabla un temario o programa era conditio sine qua non para superar un curso; en la que a menudo el alumnado debía cubrir por sí mismo temas o aspectos no dados en clase por puentes, enfermedades o huelgas. La cara les torna de color. ¿En Marte? ¿En Saturno quizás? Uno de ellos, casi treintañero, comparte una máxima de sus padres, profesores ya jubilados: “El objetivo era preparar a los jóvenes para el futuro. ¿Qué sentido tendría engañarles y lanzarles al abismo sin paracaídas?” Se despiden hasta la próxima… a la que vendrán sin pena y persiguiendo la gloria, a su manera.