Vuelta al bipartidismo

Javier M. Faya
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Las encuestas auguran que los socialistas y los populares coparán más de dos terceras partes del Congreso de los Diputados en las próximas elecciones, aumentando de forma importante la distancia con respecto al resto de grupos

Decía el poeta palentino Jorge Manrique que cualquier tiempo pasado fue mejor. Independientemente de que esto sea cierto o no, ya que siempre depende de las circunstancias, el pasado día 4, en el I Foro La Toja-Vínculo Atlántico, coincidieron dos hombres que gobernaron España durante 21 años, Felipe González -14- y Mariano Rajoy -siete-, y se pudo respirar en el ambiente cierta nostalgia del bipartidismo, que, en teoría, murió en 2015, con la espectacular irrupción de Podemos, con 42 escaños, y Ciudadanos, con 40. Ahora, a menos de un mes de nuevas elecciones, PSOE y PP se reivindican como «única alternativa» de poder y mientras los socialistas se ven como «la opción» capaz de romper el bloqueo, los populares afirman que solo ellos pueden sumar el 10 de noviembre un escaño más que Pedro Sánchez si consiguen concentrar el voto del «centroderecha» a la autoerigida casa común, que englobaría, a su entender, a los naranjas y Vox.
En la próxima cita con las urnas no solo está en juego, en teoría, saber por cuánta diferencia de votos y escaños ganará el líder socialista, sino también si regresará el bipartidismo que durante muchos años, 38 si tomamos como referencia la Transición, ha imperado en España. Yes que los morados y, sobre todo, los naranjas cotizan a la baja, muy a la baja. 
Por un lado, tiembla el bloque de Pablo Iglesias con la creciente amenaza de su cofundador Íñigo Errejón -Más País-, que le va robando exdirigentes y aliados, como Compromís, Equo y Chunta Aragonesista. Tampoco ayuda la mala imagen que para muchos españoles dejó el vallecano en las fallidas negociaciones con el PSOE justo antes de la segunda investidura fracasada de Sánchez en julio y la víspera de la disolución de las Cortes en septiembre. 
El caso de Ciudadanos es mucho peor, ya que se habla de debacle. Yes que sufre una hemorragia a izquierda y derecha por la política llevada a cabo desde el 2 de diciembre de 2018, fecha de las elecciones andaluzas, donde la suma de los populares, los liberales y Vox acababan con casi 40 años de los socialistas en el poder. 
Manuel Valls, fichaje estrella del bloque liberal para las municipales en Barcelona, dio el primer aviso:«Con la extrema derecha no se puede pactar». No solo se le ignoró y salió adelante el Gabinete en la comunidad, sino que también hubo una foto, la de Colón, en febrero, que escenificó una presunta alianza de los tres partidos. Así lo vio el asesor de Sánchez, Iván Redondo, o eso dicen, ya que el vasco parece ejercer una gran influencia sobre este.   
De forma inmediata, los socialistas convocaron elecciones pues vieron a un Casado muy tierno que llevaba solo siete meses al frente del PP y a un Rivera que había virado a la derecha. A diferencia de lo que pasó en el sur, el voto del miedo triunfó el 28 de abril, los populares se hundieron y Cs creció a su costa, si bien menos de lo esperado.  
A esto hay que sumarle el cordón sanitario naranja impuesto al presidente en la campaña del 28-A, que se extendió con los pactos en los Gobiernos regionales y locales surgidos del 26-M. El no es no a Sánchez y los Ejecutivos con el PP, al que le dio aire en Madrid, Castilla y León y Murcia, bendecidos por Vox supusieron la desbandada de pesos pesados como Toni Roldán, Javier Nart o Francisco de la Torre, aparte del fichaje galáctico Valls.    
Las encuestas y los trackings son implacables y la más que probable caída de la formación liberal beneficiará previsiblemente a Génova, que también va a robar a un Vox que no ha conseguido entrar en los Gabinetes populares por el veto de Cs, y a Ferraz, cuyo lema de campaña, Ahora Gobierno, Ahora España, es toda una declaración de intenciones, así como su amenaza a los secesionistas de que no le temblará la mano si tiene que aplicar el artículo 155 de la Constitución. Con este cambio de estrategia hará aún más daño a los naranjas. 
Ante este panorama, que se puede ver alterado con la entrada de Más País, que polarizará el voto de la izquierda en las 16 provincias donde concurre, lo previsible es que conservadores y progresistas suban de forma importante, quedando tocadas la tercera y cuarta fuerza política.   
¿Volveríamos entonces al bipartidismo? Si lo entendemos como dos formaciones que juntas ocupan en la Cámara Baja más de 280 asientos -el total es 350-, teniendo cada una un centenar como mínimo, sí. De este modo, vemos cómo UCD y PSOE sumaban 283 en 1977 y 289 en 1979. Socialistas y populares acaparaban más de dos terceras partes del Hemiciclo en 1982 (309), 1986 (289), 1989 (282), 1993 (300), 1996 (297), 2000 (308), 2004 (312), 2008 (323) y 2011 (296).  
En las citas electorales siguientes, los escaños cayeron a 213 (2015), 222 (2016) y 189 el pasado abril, que es cuando esta fórmula matemática del poder tocó fondo. Ahora todo indica que remontará.