APUNTES

Pedro Calvo Hernando

Escritor y periodista


¿Nos ayudará el Altísimo?

No pretenderán las empresas encuestadoras presumir de lo maravilloso de su trabajo relacionado con las elecciones generales del 10-N. Porque los resultados de sus sondeos son lo más dispares que se recuerdan. De lo que estoy más seguro es de la escasa fiabilidad de esos trabajos, sobre todo los publicados en las últimas semanas y días previos a la jornada electoral. Pero otro aspecto del tema son los cambios de la naturaleza y desarrollo de los últimos debates celebrados antes de la jornada electoral del 10-N, especialmente el del lunes 4. Este debate de los cinco líderes en realidad ha planteado más incógnitas que soluciones a los grandes problemas patrios. 
Esencialmente podría decirse que en las horas de ese debate no se clarificaron mucho los grandes problemas del país, aunque me da la impresión de que los resultados del 10-N no van a diferir mucho de los del 28 de abril. Es solo una impresión, pues el grado de confusión ha llegado a ser demasiado alto como para permitir vaticinios muy fundamentados. El soplo general invita a pensar en una cierta repetición en esencia del 28-A. Es difícil imaginar cambios sustanciales, desde luego en los resultados de Pedro Sánchez y de los dos Pablos, contando con el fracaso de Rivera y el ascenso de Vox. 
Sería un buen éxito que dentro de cuatro años no se nos sorprendiera en un estado de máxima agitación política y social en Cataluña. Toda la escandalera y la fragilidad mental que concurren en lo relacionado con la crisis catalana es el peor ejemplo que se nos regala desde las esferas políticas responsables desde ambos lados de la línea geográfica del debate territorial que nos aburre y que nos exaspera. Nunca pensé que la situación pudiera llegar a lo que ha llegado. Sobre todo porque no sirve para nada, solo para machacar el espíritu de la convivencia y las esperanzas de no retroceder siglos en el buen entendimiento entre los españoles. 
Y quiero felicitar a Gabriel Rufián por definir la situación preelectoral como la suma de un fascismo envalentonado y un progresismo cansado. Una aguda definición. Y sobre la injusta mezcla que se ha hecho con la familia real con su desagradable visita a Barcelona, solo tengo que decir que esa familia no se lo merece y que el lance no ayuda para nada a la solución de ningún conflicto. Y todo para que el domingo nadie ni nada alcancen una mayoría no ya absoluta sino capaz de servir para algo, por ejemplo para salir de la parálisis de estos cuatro o cinco años. 
Antes de que lleguen los resultados electorales del 10-N, quisiera rogar al Altísimo que hiciera lo posible por que los españoles todos, sin distinción de colores, consiguiéramos una rectificación general de nuestros graves errores, la verdad es que sin excluir a casi nadie, porque entre todos, sin distinción de colores, hayamos metido profundamente la patita. Puede que estemos a tiempo de arreglar desaguisados. Si no es posible, que Dios nos perdone y nos ilumine para ver cómo salimos de esta.