LA PLUMA CONTRA LA ESPADA

José Manuel Patón


La mentiras

Todos sabemos que los políticos dicen mentiras. Prometen la vida eterna, la igualdad, el infinito,  y luego si te he visto no me acuerdo. Y no me refiero a Pablo Iglesias con el chalet de los 5 cuartos de baño, porque defendiera a los okupas y ahora de okupas cero. Faltaría más. Empezó Felipe González con lo de OTAN NO, y al final uno de su equipo fue el capitán de la OTAN, Javier Solana, que duró más años que nadie al frente de la organización. Tampoco quiero hablar de Zapatero, porque no tengo tanto espacio en mi columna. Ese fue de premio Nobel de mentiras. Las derechas también tienen a sus mentirosos gloriosos, como el vicepresidente de Madrid cuando le compró el ático en Marbella a la tribu de los Delaware. Los políticos siempre hacen promesas para colocarse en el sillón, y cuando están sentados ni se acuerdan. Así el PP prometió que los jueces iban a nombrar a sus representantes en el Consejo General del Poder Judicial a quienes los propios jueces eligieran, y al final, en vez de cambiar la ley no resistieron la tentación de nombrar a sus amiguetes; eso lo prometió Aznar y no lo hizo y también lo prometió Rajoy, y tampoco. Pero hay casos que son de chiste de Lepe. Me refiero a Echenique, un político de nacionalidad argentina que se nos ha subido al carro, y que ha tenido varios años a un empleado sin dar de alta. Lo ha condenado el Juzgado de lo Social nº 2 de Zaragoza por pagar en negro y no dar de alta a un trabajador a su cargo, y ha confirmado la condena el Tribunal Superior de Justicia de Aragón. El se resiste a la opinión de un Tribunal, y dice que llegará hasta el final defendiéndose de lo que considera una injusticia. La cosa tiene guasa porque una persona que teóricamente defiende a la clase trabajadora es la primera que hace una maña en su perjuicio. Y además lo del dinero negro, ¿de dónde sacaba el dinero para pagar a su empleado? Pues lógicamente de ingresos en negro. Luego defienden aumentar los impuestos porque se considera que es un instrumento social, pero cuando les toca a ellos tampoco. Y no quiero hablar de los condenados por las tarjetas B de la Caja de Madrid, donde de casi 100 políticos designados a dedo durante varios años para dirigir los destinos de la mayor Caja de Ahorros de España, noventa y tantos, es decir casi todos, usaban una tarjeta de crédito que se cargaba en la cuenta de las tarjetas robadas para hacer gastos de sus amantes, sus vicios y sus caprichos sin que nadie se enterase. Los políticos de Caja Madrid eran un elenco de todas las clases sociales, de todos los partidos políticos, y de todas las edades. Había gente de la UGT, de CCOO, del PP, del Partido Socialista, y abarcaban desde los 30 hasta los 70 años,  lo que no es un ensayo o una estadística, era una realidad palpable. Se puede ir a robar, todos lo sabemos, pero … ¡a robar na más! Prefiero a Jesús Gil, que algo hizo.


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Opinión

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Al sentarse posteriormente en mi mesa, no pude menos que felicitarle por el atrevimiento de trasladarles esa contundente sentencia; la compartía plenamente