Del panal al paladar

RIÁNSARES L.C.
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La miel de montaña del apicultor Jorge Carabaña, de Tarancón, ha logrado el 'Panal de Plata' en el III Concurso Hispanoluso de Mieles Ecológicas.

El taranconero Jorge Fernández fundó en 2014 Miel de Melque, que posee casi 700 colmenas. - Foto: MAHURA & D.ESPADA

El taranconero Jorge Carabaña Fernández, de 38 años, amante de la naturaleza, descubrió el mundo de las abejas en la última década -creó Miel de Melque en el año 2014- y ya ha logrado despuntar entre los mejores apicultores de España y Portugal. Vecino de Pulgar (Toledo) desde hace más de ocho años, su miel de montaña ha ganado el Panal de Plata en el III Concurso Hispanoluso de Mieles Ecológicas, y ya hace dos años consiguió el Panal de Oro en el mismo certamen, con la miel de castaño, y fueron reconocidas con la plata igualmente, la de montaña, romero, tomillo y mil flores. “Estos premios son todo un impulso, el jurado es bastante exigente, es complicado y lo hemos vuelto a lograr, estamos muy contentos”, asegura este defensor de un oficio ancestral vital para la humanidad.

Su suegro, Enrique Gutiérrez, tenía como afición “unas cinco colmenas, un día me llevó a conocerlas, en los Montes de Toledo, en la zona de San Martín de Montalbán, y ahí empezó todo”, recuerda. Al principio compaginó su trabajo como comercial con la formación hasta convertirse en apicultor profesional, y hace seis años creó con la ayuda de su pareja, Nerea, una empresa de apicultura ecológica y creativa. “Me concedieron una ayuda de la Junta que apoyaba proyectos rurales, presenté un proyecto enfocado en la apicultura, en la labor de las abejas, que con su acción polinizadora son los ángeles de la guarda de la biodiversidad y el entorno natural, y fue todo un impulso”, explica el fundador de Miel de Melque, que arrancó con 106 colmenas ya cuenta con casi 700. La mayoría se encuentran en espacios naturales protegidos, en los Montes de Toledo, pero también en la Alcarria conquense, en Huelves y Uclés, y en la sierra norte de Madrid. Sin perder de vista el objetivo clave, conseguir la mejor miel, para Jorge Carabaña es toda una prioridad trasladar al consumidor el vínculo “mágico” que se crea entre las abejas, la naturaleza y el apicultor. “Damos a la gente la oportunidad de ayudar al medio ambiente apadrinando una colmena, apoyan también al sector, entran a formar parte del proyecto y quién sabe si acabarán siendo apicultores”, comenta en plena temporada este apicultor castellanomanchego. Desde Miel de Melque están volcados en la divulgación, realizan charlas, cuentan con una colmena de observación y tienen en proyecto hacer un colmenar, donde el visitante podrá conocer el mundo de las abejas y convertirse en apicultor por un día. De la mano de esta empresa familiar es posible adentrarse en todo el proceso de elaboración de la miel, artesanal y ecológica, desde la explotación de colmenas, recogida, elaboración, envasado y distribución, en su caso a pequeñas tiendas de Castilla-La Mancha y Madrid. Desde un entorno privilegiado, a pie de campo, entre colmenas, Jorge Carabaña reconoce que “este proceso se desconoce bastante, gracias a la polinización de las abejas tenemos más de 75 por ciento de las frutas y verduras que consume el ser humano”.

La apicultura, expone, “es el sector de la ganadería más profesionalizado en Europa y donde se da una mortandad anual, del 20 por ciento, más alta”. Miembro de la Asociación Española de Apicultores (AEA), destaca como principales amenazas del sector, la apuesta nacional por la agricultura no ecológica, el famoso avispón asiático o que la abeja convive el parásito varroa destructor, que también es una especie invasora. Frente a estas amenazas aplaude las ayudas europeas para incentivar a futuros jóvenes apicultores y espera con anhelo los cambios en el etiquetado, que clarifiquen la procedencia de la miel para favorecer el consumo nacional y frenar las adulteraciones, que sobre todo provienen de China.

Tras las dificultades del temporal Filomena, las circunstancias especiales por la pandemia, con la ventajas de la reducción de la contaminación ambiental, y una primavera “muy potente” en floración, su previsión para la actual cosecha es “muy buena”, aunque el factor climatológico es clave. “La sacada principal de miel es de mayo a junio, en los últimos años hemos producido de 6 a 8 toneladas de miel”, cuenta Jorge Carabaña, que inicia su jornada a las seis y media de la mañana en una tierra de tradición melera, como la zona que da nombre a su empresa, junto a la iglesia visigoda de Santa María de Melque (en latín miel y leche).