COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Inicio de la reconstrucción

07/05/2020

Ocupados como estaban en reproches y justificaciones, en hacer valer el precio de sus votos, los portavoces parlamentarios que intervinieron en el pleno para aprobar la cuarta prórroga del estado de alarma por culpa del COVID-19 para afrontar la primera fase de la desescalada todos ellos pasaron por alto referirse a la fase más importante, la que se producirá una vez cumplidas las previstas para tener controlada la infección, cuando las consecuencia económicas y sociales de la pandemia se dejen sentir con toda su intensidad.

Puede que se debiera a que al día siguiente se iba a proceder a la constitución de la Comisión para la Reconstrucción Económica y Social en la que ha quedado plasmada el deseo del presidente del Gobierno de armar unos nuevos pactos de La Moncloa, tras el acuerdo alcanzado en este sentido con el líder de la oposición, Pablo Casado. Solo con una actitud muy optimista se puede esperar que el dictamen que dentro de dos meses o un poco más se conozca de estos trabajos refleje una concreción de acuerdos que demandan los ciudadanos, siempre deseosos de que sus políticos estén a la altura de las circunstancias, abandonen por un momentos sus elucubraciones electorales, demuestren su altura de hombres y mujeres de Estado, recuperen el mitificado espíritu de la Transición ante la 'nueva normalidad' y sean capaces del alcanzar un acuerdo aunque sea de mínimos que sirva “para no dejar a nadie atrás”.

Sin embargo, a la oposición de derechas no se le escucha algo similar. Las posiciones de partida para el acuerdo están tan alejadas que las perspectiva del acuerdo es difícil de imaginar. En su réplica del pasado miércoles Pablo Casado repitió la teoría del 'circulo virtuoso de la economía, una bajada de impuestos que permita el incremento del consumo, más producción y una mayor recaudación fiscal. Todo lo demás es bolivariano. Para el Gobierno es el momento de 'lo público', de fortalecer el sistema nacional de salud y del resto de pilares del Estado del bienestar,  a pesar de que todos los indicadores económicos, del incremento del paro a la bajada del PIB, o la subida de la deuda pública a niveles nunca vistos. Por esos motivos consideran imprescindible un acuerdo para hacer frente a la tormenta perfecta. 

Sin duda las aportaciones de patronales y sindicatos al empeño de la reconstrucción serán imprescindibles. Los agentes socioeconómicos están acostumbrados a firmar acuerdos y pueden arrastrar a los partidos. Pero sus posiciones de partidas están igualmente muy distantes. La CEOE ya ha sugerido que de la crisis económica se sale con despidos y bajadas de sueldos. Cuando la precariedad y la temporalidad que se disparó con la crisis de 2008 todavía no se ha superado  proponen otra vuelta de tuerca. Los sindicatos depositan sus esperanzas en que la ayuda europea llegue sin condicionalidad que imponga recortes draconianos, un rescate que afectaría a los de siempre. 

La Comisión de Reconstrucción echa a andar con la petición de su presidente, Patxi López, de que los partidos no acudan a ella ”a ganar o perder, sino a sumar”. Una buena intención que puede servir para empedrar el infierno.