ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Al pie de una muralla

Hay paisajes que acumulan historias, siglos de historias. Como las ciudades a las que envuelven, definen e identifican. Son paisajes muy codiciados. Sabemos que los romanos, conquistada la ciudad de Toledo, levantaron edificios magníficos de ocio y usos varios en los paisajes de vega. Pretendían atraer a las tribus resistentes con sus ofertas de vida apasionante, además de entretener a sus ciudadanos. Los visigodos también emplearon el paisaje para iglesias y otras edificaciones. Con el paso de los siglos estos usos fueron desapareciendo y alguna parte de ese paisaje se colonizó paulatinamente. Luego, en tiempos cercanos, un Ayuntamiento, gobernado por el PP, quiso plantar en los paisajes, aún no ocupados, viviendas para formar un barrio del mejor estilo horrendo de cualquier ciudad dormitorio. Desaparecía el paisaje al pie de la muralla. 
El martes, 22 de octubre de 2019, el toledano Gregorio Marañón publicaba un artículo en El País, titulado «Cuatro zanjas y dos monedas». El texto cuenta, entre otras varias, la historia que sucedió en el año 2006, que interesa a Toledo en el año 2019. Según reproduce el autor, el presidente socialista de la Junta de Comunidades, Sr. Barreda, se alzó contra la actuación urbanística del Ayuntamiento sobre ese paisaje y afirmó: «El gobierno que yo presido se compromete absolutamente a preservar y potenciar el extraordinario patrimonio de Toledo, el conocido y el que la arqueología aún no ha sacado a la luz. Ha llegado el momento en el que tenemos que definir lo que hay qué hacer para preservar el paisaje histórico y natural de Toledo, sus vegas y su río». La declaración se sumaba a la de la UNESCO y otras referencias proteccionistas, anteriores y posteriores. Las operaciones constructoras quedaron paralizadas y compensadas. Lo que no se esperaba es que la parálisis también afectara a los trabajos que la arqueología debía hacer. El paisaje yace abandonado al pie de la muralla.
Con el paso de los siglos, los nuevos habitantes de Toledo emplearon aquellos edificios como proveedores de piedra, cementerios y más tarde edificaron viviendas y otros usos en una parte de ellos. Lo antiguo parecía incompatible con lo moderno, la herencia histórica con el desarrollo. Hoy sabemos que no existe tal incompatibilidad. Que el desarrollo no se basa ni en el ladrillo ni en el asfalto. Y que la construcción es, en la más bondadosa de las teorías, pan para hoy y hambre para el futuro.