FIRMA SINDICADA

Rafael Torres

Periodista y escritor


De Gobierno a Gobierno

Una de las pretensiones de ERC en el actual proceso negociador para facilitar con su abstención la investidura de Sánchez es, según parece, establecer el dicho tira y afloja "de gobierno a gobierno". Uno, y más cuando tiene o cree tener la sartén por el mango, puede pretender lo que quiera, pero me temo que la realidad no favorece demasiado la ambiciosa y un punto disparatada aspiración del partido de Junqueras y Rufián: No hay gobierno. Y mucho menos, dos. Para que hubiera una negociación, o un diálogo, o un lo que sea, "de gobierno a gobierno", tendría que haber de entrada, como mínimo, dos gobiernos, y lo cierto es que no los hay, pues en tanto el de Sánchez es interino, en funciones, limitado política y ejecutivamente, el de Torra, que se supone que sería el otro en el "pas de deux" imaginado por ERC, sabido es que, por desatención de sus obligaciones con el conjunto de la ciudadanía catalana, es antes una partida (el extinto Rivera diría "banda") que un gobierno merecedor de esa condición y ese nombre. Así pues, no hay dos gobiernos que puedan negociar o dialogar de gobierno a gobierno, pero es que si los hubiera, habría, en realidad, uno solo. En efecto; gobierno, lo que se dice gobierno, habría uno solo, el de España, con la representatividad, mandato, autoridad y competencias nacionales que le impedirían el trato en régimen de igualdad, de tú a tú, con ningún otro, por inexistente. Equiparar el Gobierno de la Nación con un gobierno regional, que viene a ser técnicamente la delegación de un Estado descentralizado, es una cosa que sólo se le podía ocurrir a quienes desearían la desaparición del primero en su comunidad, pues también es sabido que éstos condicionan cualquier acuerdo para la normalización y pacificación de la vida política en Cataluña a que se les reconozca de antemano un rango del que carecen, el de Estado en ciernes, en construcción. Con tanto lío artificioso al socaire del necesario concurso de ERC para la formación de un gobierno, del de verdad, se tiende a olvidar que eso que el agit-prop independentista presenta como una aspiración nacional de Cataluña, la secesión, no es sino la aspiración de una minoría, bien que nutrida y elevada circunstancialmente al control de las instituciones autonómicas por el albur de la aritmética parlamentaria. La propia facción independentista sabe, y particularmente ERC, que con lo que tienen no les llega ni de lejos para rendir con éxito ese viaje que tan loca y adolescentemente emprendieron. En todo caso, no hay dos gobiernos para hablar de gobierno a gobierno. Y si los hubiera, sólo habría uno en su natural, inevitable y democrática soledad.