COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Dependerá de Ciudadanos

En las elecciones del 28-A Vox era una amenaza difusa que había enseñado su capacidad de dar y quitar gobiernos en Andalucía, que consiguió hacerse un hueco en el Congreso con 24 diputados arañados sustancialmente al PP que consiguió los peores resultados de su historia.  En las elecciones del próximo día 10-N el partido de Santiago Abascal se ha convertido en una amenaza cierta, por cuanto puede acabar como tercera fuerza política por encima de Unidas Podemos y muy alejado de Ciudadanos.

Si en aquella campaña la presencia de Vox fue un acicate movilizador de la ciudadanía en esta ocasión lo debiera ser con más motivo porque su crecimiento, sumado al del PP, en ambos casos a costa de Ciudadanos, sitúa a los tres partidos de la derecha en una posición más cercana a la suma de los tres partidos de izquierdas, PSOE, Unidas Podemos y Más País, lo que presagia una nueva situación de bloqueo en la que será necesaria la abstención de algún partido para dar la posibilidad de que gobierne la lista más votada.       

Si el PSOE obtiene en las urnas unos niveles de representación similares a los actuales, Más País, no logra movilizar a los votantes desencantados con el fracaso del pacto entre partidos progresistas, y Unidas Podemos paga en parte su insistencia en los cargos, la izquierda en su conjunto puede dejarse parte de los escaños con los que contaba tras el 28-A.

En esa tesitura todo dependerá de los resultados de Ciudadanos para que la formación de gobierno sea más fácil. Una vez que el partido de Albert Rivera ha mostrado su disposición a no bloquear la formación de un nuevo gobierno, tendrá que contar con los escaños suficientes para que su abstención permita echar a andar a un nuevo gobierno dirigido por el PSOE, que de esa forma no tendría que trabajar la abstención de alguno de los partidos independentistas catalanes, preferentemente ERC que ya mostró su disposición a hacerlo, aunque la sentencia del ‘procés’ ha cambiado el panorama, y de esta forma se conseguiría que el próximo gobierno no dependa en ningún momento de los independentistas. Es decir, la formación de gobierno puede estar en manos de Ciudadanos, pero no desde una posición de fuerza sino colaborando con su debilidad.

Si con la abstención de Ciudadanos no es suficiente, la pelota estaría en el tejado del PP, que se vería presionado para favorecer un gobierno progresista vía abstención, como hizo el PSOE en la segunda investidura de Mariano Rajoy, porque el país no aguantaría otra nueva convocatoria de elecciones.

Se reproduciría, no obstante, un nuevo clima de inestabilidad con un gobierno en minoría que tendría que pactar cada una de sus iniciativas con una parte de la oposición. Sin que se avizore un cambio de tendencia en la intención de voto, dado que los partidos de izquierda suman más que las tres derechas en todas las encuestas y el PSOE es claro ganador –a expensas de la intensidad de la campaña electoral que hoy ha comenzado- quizá sea el momento en el que todos los partidos demuestren altura de mira y que son capaces de hacer lo que no han hecho hasta ahora, pactar y llegar a acuerdos transversales. Porque nadie está por la labor de formar un gobierno de gran coalición, y Ciudadanos perdió la oportunidad de ser un partido bisagra


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