TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Dos árbitros

Insultar al árbitro, ir al campo, dormir una resaca, insultar al árbitro, un vermú torero, estudiar a última hora, estrenar pantalones, insultar al árbitro, misa de doce, un día en pijama, gritar goles, manta y peli, insultar al árbitro, leer suplementos especiales, insultar al árbitro… Un domingo cualquiera.

Los que suponían que el VAR lo iba a corregir todo, que los lunes íbamos a quedarnos sin polémica en este bendito país de bilis dominical, llevaban la brújula rota. El videoarbitraje minimiza el error, que tiende a cero; corrige errores de bulto y refuerza otros concedidos sobre la marcha: ante la duda, la 'Sala VOR' se pondrá de parte del colegiado y buscará el mejor argumento para corroborar la decisión inicial, la recién tomada en el césped, la que sigue pitándose a 150 pulsaciones y con apenas unas décimas para interpretar.

Dos jugadas como las del sábado, en Donosti y en Madrid, tienen difícil explicación. Si es penalti de Busquets a Llorente (porque el VAR lo dice), tiene que ser penalti de Llorente a Piqué. ¿Porqué me multas a mí y no a ése que acaba de pasar a la misma velocidad que yo? Porque a él no le estaba midiendo, la respuesta de la indignación. Y en el Wanda, cuando Felipe (Atlético) arrastra el pie de Brasanac (Osasuna), lo derriba en un penalti flagrante y el árbitro se lleva la mano a la oreja, ¿qué lista de 'spotify' llevaba en el pinganillo?

Si antes del VAR insultar al árbitro era deporte nacional, ahora nos sentimos más fuertes para cargar contra la injusticia: se suponía que ya no íbamos a tenerla. Reacciones exageradas y viscerales, como si hubiésemos olvidado que este nuevo fútbol ha incorporado la tecnología… manejada por un humano. Árbitro, para más señas. Dos árbitros en lugar de uno. Los que siempre se equivocan en domingo, no como el resto, demonios, que somos infalibles.