TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La asistencia de un portero

10/12/2019

El balón vuela plano, perfecto, hacia el hueco que llenará en breve un delantero a la carrera. Allá aparece Griezmann, que controla, avanza y pica para abrir la lata. Asistencia de guardameta, una rareza... o no tanto: es la segunda de la temporada. 
Ter Stegen es un atacante con guantes. El destino le ha reservado un dorsal (1) y un puesto (portero) con los que ha tenido que definirse como profesional de la cosa, pero por sus movimientos, su habilidad para jugar la pelota con los pies, su visión de juego y salida de esférico, podemos concluir que está a gusto a medias: le encantaría ‘hacerse un Higuita’ y salir conduciendo la pelota, hacerle un quiebro al lateral y filtrar una pelota al hueco hacia la carrera del atacante, y regresar de espaldas hacia su arco, mirando cómo la jugada termina en gol y sentirse plenamente satisfecho: paro balones, pero en el fondo nací para esto... 
El portero es prisionero de los cuadriláteros que conforma su hábitat: el 2,44x7x32 de la portería, el 18x5,5 del área chica, y el 40x16,5 de área grande, donde puede usar las manos. Sus dominios no alcanzan el 10 por ciento del terreno de juego (unos 665 metros cuadrados de unos 7.200 de césped útil) y consideran estos ‘atacantes con guantes’ que lo verdaderamente divertido ocurre en el otro 90 por ciento y lo suyo es un trámite sufrido y obligatorio. 
Cuando un guardameta ataca (sube a rematar un córner, anula dos líneas del adversario con un pase perfecto hacia un delantero que recibe en el círculo central, regatea al atacante que corre desaforado a la presión o da una asistencia precisa, de más de 60 metros como la de Ter Stegen el sábado) el fútbol moderno le da una patada en la boca del estómago al antiguo, aquél en el que el portador del ‘uno’ y los guantes era solo ‘el que paraba’.