Agonía en el mar Menor

SPC-EFE
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La muerte de millones de peces en la albufera murciana deja un reto en la orilla: si aún es posible sacar a flote una zona costera que se ahoga

Un hombre observa los peces muertos que aparecieron en la orilla de la playa de San Pedro del Pinatar. - Foto: Marcial Guillén (EFE)

Una nueva catástrofe ecológica ha dejado más que moribundo al Mar Menor, en Murcia. La aparición de miles de peces muertos en la zona confirma una tragedia ecológica, causada por la gran masa de agua dulce con sedimentos y restos orgánicos arrastrada por las recientes lluvias torrenciales que ha colapsado la vida marina dejándola sin oxígeno.
El desastre lo ha propiciado «una especie de balsa de aceite» en la laguna con el agua dulce flotando sobre la salada e impidiendo el intercambio de oxígeno del fondo marino con la atmósfera. Así lo explica el investigador del Instituto de Ciencias del Mar, del CSIC, Jordi Camp.
Por el contrario, los ecologistas culpan a un urbanismo desaforado y a la agricultura intensiva por los restos contaminantes que lleva al mar como causas del desastre que ha «colapsado» la laguna, como avisa Pedro García, portavoz de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE). Advierte que el escenario de la zona cero, que es la orilla del Mar Menor, «arroja millones de peces muertos, no miles», entre ellas las anguilas, una especie de lento desarrollo, lo que hace prever un desastre ecológico para esta especie.
Ahora la cuestión está en saber si se podrá reflotar al agonizante Mar Menor tras el reciente cataclismo que ha dejado sin vida sus fondos. La tarea se vislumbra como un reto posible a largo plazo, si los usos urbanísticos, agrícolas y pesqueros en la zona sean replanteados con planes coordinados a gran escala que respeten el entorno.
Este mar, con 180 kilómetros cuadrados de superficie, es la laguna salada permanente más grande de Europa, y su frágil equilibrio depende también de las aportaciones del Mediterráneo y del agua dulce terrestre, responsables a su vez, de la rica y amenazada biodiversidad que alberga. 
La albufera murciana no es la única zona de estas características en el planeta. Italia alberga la laguna de Venecia, en Francia sobresale la laguna de Thau, en Marruecos La Mar Chica, también llamada de Nador, y en Túnez está la laguna de Chott el Djerid. Todas ellas comparten similares presiones.
A nivel biológico, el profesor de la Universidad de Murcia Francisco José Oliva, que es además coordinador del proyecto Life Invasaqua, ha propuesto centrarse en una gestión eficaz de la mortandad de peces en esta laguna, después del reciente hallazgo de miles de animales muertos en la orilla, mediante protocolos eficaces ante un posible nuevo colapso biológico, que de hecho, es más que factible que se repita, según el experto.
Pese al desastre, todavía son «significativas» las comunidades de peces que sobreviven en la periferia de zonas superficiales del Mar Menor, mientras que en la profundidad la mortandad ha sido masiva dejando en esos niveles la laguna «prácticamente muerta», según los expertos.
Oliva admite desconocer hasta qué punto podría regenerarse a partir de ahora el ecosistema del Mar Menor; en cualquier caso, insiste en que es una posibilidad a largo plazo, si llevan a cabo trabajos en todas las escalas que implicarían especialmente a la sociedad para promover acciones políticas eficaces. En un horizonte más inmediato, las actuaciones deberían centrarse en la cuenca de recepción como origen del problema y evitar que la laguna siga siendo un sumidero de nutrientes.
A su juicio, es un problema que involucra a todos porque por mucho que aumente el conocimiento científico y técnico al respecto, no habrá predisposición política para solucionar la situación, mientras la demanda social de un cambio de modelo agrario, turístico y pesquero, entre otros, no sea lo suficientemente fuerte.
Para Juan Manuel Ruiz Hernández, científico del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y miembro del Comité Científico del Mar Menor, en este último episodio de mortandad masiva no solo se han perdido animales, también se han malogrado funciones y se ha fracturado el equilibrio biológico de una comunidad de seres vivos y su entorno natural.

Implicación 

Ruiz Hernández insta a emplear ya urgentes y minuciosas «políticas ambientales preventivas» en estos ecosistemas tan dañados, que apenas avisan de su estado catastrófico, o si lo hacen, suele ser de un día para otro y de manera muy sutil, cuando ya no hay tiempo. Aunque el científico se muestra esperanzado del futuro del Mar Menor, siempre a medio y largo plazo, hace hincapié en sumar esfuerzos comunes entre todas las administraciones, y en la necesidad urgente de aplicar la normativa vigente -tanto española como europea- para solucionar el caos.
Todos los actores implicados, alcaldes, comunidades autónomas, Gobiernos, Confederaciones Hidrográficas, agricultores y pescadores -entre otros- deben ir de la mano para alcanzar «sí o sí un gran acuerdo», que revierta el «delito ecológico» ocasionado, señala este experto.
Juan Manuel Ruiz hace así un  llamamiento general a los gobernantes: «Es el momento de los políticos, la comunidad científica lleva décadas exponiendo criterios y problemas sin que nadie nos haga caso y ahora les toca a ellos».