PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


El paisaje literario

El elogio a mis novelas que más he agradecido-la críticas, seamos sinceros, se aceptan pero no se agradecen nunca- fue del columnista Ignacio Camacho (ABC)  quien afirmó que el paisaje, mi paisaje, este paisaje alcarreño y serrano, tenía siempre en mis obras literarias  un protagonismo excepcional, era en sí mismo un personaje muy destacado con un gran protagonismo. Algo muy similar vino a decir también Juan Luis Arsuaga al comentar mis novelas prehistóricas. Como ambos son grandes sabios y maestros estoy encantado de darles la razón en ello.
 Es sin duda protagonista, razón, sentimiento, espíritu y personaje global esta tierra castellana nuestra, y no digamos ya la hermana manchega, esencia misma del Quijote y de la lengua que, por él, de Cervantes se llama a este castellano en España y español en el mundo. El hombre hace el paisaje y  el paisaje al hombre y entre ambos el sonido, que puede ser también silencio, y la palabra, que también puede hablarnos siendo muda. El paisaje vive y habla y sentirlo latir y escuchar lo que nos cuenta es solo cuestión de querer ponerle oído.
Ando estos días establecido por mi Guadalajara, con la historia y la literatura de por medio, en unas Jornadas de Novela Histórica que encima dirijo y que por ser precisamente entre mis gentes tienen un valor crecido, pero también, una emoción y una zozobra añadida. Escritores con la Historia realiza una continua serie de actividades, por toda la geografía y en los más diversos y poderosos foros, desde la UIMP de Santander al Senado pasando por la universidad alcalaína  pero hacerlo en casa, que quieren que les diga, pues que produce cierto efecto en las canillas. Espero que cumplamos y nos cumplan. La apuesta y la oferta es atrayente y con clara voluntad de continuidad, los autores entre los más señeros del panorama y el programa una puerta abierta y atractiva hacia el conocimiento de ayer y de nosotros mismos.
   Amen de poner por delante el objetivo que nos ha unido como escritores de este género, ese reencuentro con nuestra propia historia colectiva, sin antojeras ni prejuicios y que cada vez demandan más las gentes hartas de que se lo tergiversen y avergüencen, entendí que no tenía otro remedio que confesar lo obvio. Que desde la primera novela publicada El río de la lamia hasta la última La canción del Bisonte no he dejado de andar por mi tierra, pues allá donde esté me siento parte de ella, y que en muchas ocasiones es parte consustancial de la narración y que, si escapo, no puedo evitar algún regreso. Lo ha sido en mis novelas paleolíticas. Nublares, la cueva en lo alto del cantil sobre el Henares, en Bujalaro, claro, es punto de  partida de mi propia travesía creativa que un abuelo, Valentín, inicio junto a la lumbre recitándome el romance de La Loba Parda.
Lo ha sido igualmente de las dos medievales. La tierra de Alvar Fáñez, el Minaya (mi-anai=mi hermano) de Mío Cid, cuyos pasos se pueden recorrer desde la Sierra de Miedes, por Castejón, Hita, Guadalajara hasta Zorita, que el mandó, como primer alcaide cristiano de la gran fortaleza sobre el Tajo y de la frontera. El rey pequeño, el rey niño de Atienza, el de la Caballada, el que acabaría por ser el vencedor de las Navas y definir la historia de España y hasta de Europa entera. Ese gran rey verdadero, de un veraz Juego de Tronos, entre los cinco reyes cristianos, primos todos entre ellos y el mundo islámico, los terribles integristas almohades, el imperio yihhadista más tenebroso y los restos de los reyes Taifas, que ahora hasta haya quien conozca, y bienvenido sea el interés y la visita. Que aquí en esta ignorancia acrecentada por una educación y unos hábitos que cada vez pretenden hacernos más ignaros, en «Este país» todavía mentado por algunos como España, todos saben de Robin Hood, que pudo ni existir, y de Ricardo Corazón de León, pero casi nadie de este Alfonso, por cierto casado con la hermana de Ricardo,  que sí cambió la historia, sin dragoncillos ni nada.
Pero lo mío solo fue el entrante y resulta mucho mejor  la comida pues a la cita de Guadalajara, a su histórico paisaje  han acudido los que lo excavan y escriben  Martínez Mendizábal (prehistoria), Lauro Olmo (director de las excavaciones de Recópolis), José Luis Corral, (El Cid) José Calvo Poyato (Batallas de Brihuega y Villaviciosa que dieron el trono a los Borbones) Isabel San Sebastián (De La Visigoda a La Peregrina, Reyes Monforte (La Memoria de la Lavanda) y el profesor de Imagen Julián Lafuente  y los que lo cuidan y en él viven, García Marquina, Antonio Herrera Casado y  Josepe Suárez de Puga. Creo que el menú es de los buenos. Y barato. Es gratis. Así que vengan. Están invitados.