Una odisea del espacio para los más curiosos

Laura Díez
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El periodista Nacho Montero es coautor de 'Viaje a la Luna', un libro lleno de anécdotas, con datos y fotografías muy poco conocidas

El periodista madrileño coescribió dos obras sobre el Atlético.

Ahora que se cumplen 50 años desde la llegada del hombre a la Luna, afloran libros sobre este acontecimiento, y pocos son tan interesantes como el que publica LID, Viaje a la Luna. Lo firman a tres manos Cristina Mosquera, Javier Reyero y Nacho Montero, un periodista que ha escrito Los diez del Titanic, Leyendas del Atlético y 50 años del Vicente Calderón.  
«Basta con alzar la vista, como hicieron nuestros antepasados y harán nuestros descendientes, y maravillarse ante la visión de la Luna. Incluso a las personas que estuvieron allí les seguía pareciendo un lugar enigmático y asombroso. Ahora, 50 años después de la llegada del ser humano a la Luna, su magia ha vuelto a cautivar la imaginación de todos. La fascinación por la Luna sigue siendo muy intensa y merecía la pena recordar esta hazaña sin precedentes, algo que nosotros hemos querido hacer relatando algunos aspectos poco difundidos de las misiones de alunizaje de la NASA», comenta el madrileño. 
Poner en marcha el Programa Apolo no fue fácil, pero, sin ninguna duda, destaca la preparación de los astronautas. «Fue un entrenamiento muy riguroso y extremadamente realista. Necesitaban unas 1.000 horas de severa preparación para obtener la más mínima capacitación. Además de la instrucción más conocida, en nuestro libro hemos incluido también la menos popular y quizá más llamativa, la que los llevó a ejercitarse en las junglas de Panamá o en el desierto de Nevada o a aprender a orientarse mediante la posición de las estrellas», subraya Montero, que añade que se trataba de un adiestramiento de supervivencia diseñado para sobrevivir en caso de que, al retornar a Tierra, fueran a caer en algún entorno inhóspito. Por suerte, siempre amerizaron como estaba previsto, pero el mar no está exento de peligros, entre ellos, el ataque de los animales acuáticos. De hecho, subraya que los astronautas llevaban un repelente de tiburones.
Aunque la llegada del hombre a la Luna es un hito histórico sin precedentes, las misiones Apolo se cobraron algunas vidas. «La mayor tragedia fue el devastador incendio que destruyó al Apolo 1 matando a los tres tripulantes. La catástrofe ocurrió durante unas pruebas en tierra, y pudo haber paralizado todo el programa aeroespacial de la NASA». Sobre Neil Armstrong, el libro cuenta que estuvo a punto de perder la vida en un accidente durante un entrenamiento. Fue un año antes del alunizaje del Apolo 11. Estaba realizando un ensayo con el módulo lunar Eagle y perdió el control de la nave, que explotó en pleno vuelo y comenzó a arder. El astronauta logró salvarse por muy poco: consiguió eyectar su asiento minutos antes de que la cápsula se estrellase contra el suelo. 

RIESGOS E IMPREVISTOS. La misión fue todo un éxito, sin embargo, estuvo plagada de riesgos y contratiempos. «Podría decirse que la epopeya del Apolo 11 era prácticamente un sueño imposible, que podría haber acabado en desastre. De todas las dificultades a las que tenían que hacer frente, una muy poco divulgada fue la impresionante tormenta tropical que se estaba formando en el área seleccionada para el amerizaje y que podría haber destrozado la nave a su regreso a la Tierra. La detectó el meteorólogo militar Hank Brandli durante una operación secreta pero, «valientemente», consiguió que se modificase la zona de aterrizaje salvando a la tripulación de una muerte segura. 
Como revela la obra coescrita por Montero, el presidente Nixon era consciente de los tremendos riesgos que se corrían. De hecho, su Administración había preparado con gran esmero un emotivo discurso para enfrentarse al hipotético fracaso de la misión. «Lo cierto es que si algún astronauta hubiera muerto sobre la superficie de la Luna, la Humanidad nunca hubiera podido volver a contemplarla con la misma veneración que lo ha hecho hasta ahora».
Y, de propina, deja Nacho Montero esta anécdota:A la vuelta, los tres astronautas, Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins emprendieron una gran gira mundial que fue, ante todo, un tour político de alta diplomacia. En tan solo 37 días visitaron 24 países, entre ellos España. Hay una foto en la que aparecen vestidos de toreros...