OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


¡¡¡!!!

Con una rotunda afirmación —“mi objetivo es ser presidenta de la Republica Federal Española”— se despidió de mí el último día de clase. Así, leído, seguro que la autora de esta sentencia provoca fobias y afectos, en grado desmedido, en personas que no la conocen. En mí, sin embargo, despertó otro tipo de valoraciones: admiración y reafirmación. Cuando hace meses la conocí, inmediatamente intuí que esta joven, de 18 años de edad, no era como la mayoría de las de su edad… ¡de las de su edad de hoy en día!, quiero decir. Inquieta, estudiosa, trabajadora, con infinidad de aspectos que le interesan… pronto fui percatándome de su pasión por el cine, la música clásica, el rock de calidad, el canto, el piano, la política, la ópera… y no sé cuántas cosas más. Reconozco que, desde siempre, me siento especialmente a gusto cuando en mi entorno hay jóvenes vivos, con ilusiones, trabajadores, responsables, maduros. Algo me hace intuir que en sus vidas no encontrarán barreras demasiado infranqueables y que, sin temores ni actitudes chulescas, serán muchas más las que derriben que las que sobre ellos se desplomen. En concreto, esta chica está plenamente viva y contagia vitalidad. Ojalá la mayoría de los jóvenes fuesen así de inquietos. Tengo claro que en el futuro, a esta chica le va a dar igual lo que se proponga; sea lo que sea lo conseguirá. Sospecho que nunca se trazará metas inalcanzables. A su edad, ya da muestras irrefutables que acreditan que es consciente de sus limitaciones y de lo conveniente de abandonar todo esfuerzo baldío encaminado a hacer realidad las ilusiones que tuvo de niña sabiendo que, de perseguirlas ahora, solo le provocarían frustración. Y me surge una duda. Si en el futuro me encuentro que entre las opciones políticas a votar está esta chica, ¿pondría mi futuro en sus manos? Hoy por hoy… ¡¡¡!!!