'El Gallo': «He llegado a pensar en tirar la toalla»

Leo Cortijo
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No ha sido una temporada fácil para "El Gallo". Todo ha pivotado sobre la alternativa en la Feria de San Julián, pero al mismo tiempo sobre la escasez de festejos que le ha llevado casi a un parón total y a buscar otras soluciones profesionales

'El Gallo': «He llegado a pensar en tirar la toalla» - Foto: Reyes Martí­nez

No ha sido una temporada fácil para Aitor Darío "El Gallo". Ni mucho menos. Todo ha pivotado sobre la alternativa en la Feria de San Julián, pero al mismo tiempo sobre la escasez de festejos que le ha llevado casi a un parón total y a buscar otras soluciones profesionales. Pero ahí está la clave: en no rendirse jamás. 
La temporada giró en torno a la alternativa. ¿Que balance hace?
Ha sido una temporada decisiva en mi vida puesto que he dado el salto a matador, que es el colofón a una trayectoria. Es a lo máximo que puedes optar y, en ese sentido, estoy contento y feliz por haberlo hecho ante mis paisanos en la Feria de San Julián. El año pasado entendí que no era el momento, decidí esperar y lo hice este año para llegar con más madurez y afrontarla más preparado y con el deseo de ofrecer mi mejor versión. 
¿Y mereció la pena esperar un año?
Sí, para mí sí. Fue una tarde en la que no pude expresarme como me hubiera gustado. Sin embargo, llegar a la alternativa como llegué, dar la cara con dos animales que no tuvieron nada dentro –e incluso el primero con gran peligro–, demostrar esa claridad de ideas y estar en el sitio con esa disposición, me hace sentir satisfecho conmigo mismo. 
Tiene mérito porque el rodaje para afrontar esa alternativa fue prácticamente inexistente...
Fue nulo. Totalmente. En toda la temporada toreé una novillada una semana antes de la alternativa. Y en el campo, más allá de ocho o nueve vacas... nada de nada. Por eso, intenté prepararme física y psicológicamente para estar al mayor nivel posible. Con todo, maté con capacidad y solvencia la corrida pese a todo.
Y después de la alternativa, ¿qué?
Después solo toreé una corrida en Belmonte. Feliz de que el pueblo me brindara la ocasión de contar conmigo, ya que hay numerosos festejos en la provincia y en ninguno de ellos he estado. Por eso quiero agradecer al ayuntamiento y a las personas que lo hicieron posible. Fue una tarde que empezó con mal pie por la cogida de Manuel Escribano y el fallo a espadas me impidió cortar más trofeos. Aún así, ofrecí una buena dimensión ante una corrida muy seria.
¿Habría que pedirles a los aficionados que exigieran en los carteles del pueblo al único torero de Cuenca?
Creo que sí. Por amor a la tierra y por defender lo nuestro. Hay varias corridas en Villamayor de Santiago, San Clemente, Iniesta, Motilla del Palancar, Valera... y en ninguna he estado. Aunque si te cuento la propuesta que me hicieron en Valera, es de risa. Me lo ahorro. Era vergonzosa. Torear en esas circunstancias es imposible. No pueden salir los números. 
Ante situaciones así, uno se debe replantear muchas cosas...
Se replantea todo. Se replantea la profesión en sí. ¿Qué he hecho, cinco festejos? Sí y no es nada, pero es que los he hecho yendo por derecho y en las circunstancias que deben ser. No he puesto ni un duro y en todas he ganado, poco o mucho, pero he ganado. Podría decirte que he hecho 12 festejos, pero eso supondría que me habría dejado 15.000 euros por el camino. Así sería una temporada más completa, pero claro, a costa de poner dinero. Ahora estoy trabajando porque está claro que de matador de toros es imposible vivir. Las necesidades básicas, con el toreo, ahora mismo, no me las puedo garantizar.
Con este panorama, ¿cómo compagina uno la profesión de torero con un trabajo fuera del ruedo?
A mí me anima la afición que tengo. Tal y como están las cosas, si fuera por tema económico ya lo habría dejado hace mucho tiempo. Sigues porque crees que todavía puedes aportar cosas bonitas. Eso te hace confiar en ti mismo y saber que eres capaz de aprovechar las oportunidades cuando vengan para intentar darle un giro de 180 grados a esto. La ilusión, la fe, la afición y el amor propio es lo último que debe perderse. 
Madrid, Sevilla y Valencia. ¿Hay alguna opción de cara al año 2019?
Sevilla y Valencia están muy lejos. Madrid no tanto. Es cierto que tienes que ir rodado y presentar una hoja de servicios mínima, pero con el número de festejos que se dan a lo largo del año no es complicado. Me haría muchísima ilusión confirmar alternativa la próxima temporada allí.
¿Sería importante que surgiese algún apoderado para que el camino se allanase un poquito?
Estoy necesitado de apoderado, cierto, pero siempre y cuando sea alguien que aporte en positivo. Con hechos y no con palabrería. Encontrar una persona así, como yo quiero y siento, no es nada fácil. La mayoría de apoderamientos se asientan en intereses que a mí no me gustan y así prefiero seguir mi camino en solitario. Más vale solo que mal acompañado... 
En esta tesitura, ¿hasta cuándo este peregrinaje por el desierto? ¿Ha llegado a pensar en tirar la toalla?
He tenido momentos en los que sí, sobre todo cuando hay más desilusión y falta de esperanza, pero luego ese poquito que he podido sentir en las tardes que he toreado me sirve de motivación y alimento de la ilusión para seguir esperando. Pero sí, es cierto que es desesperante vivir esta situación. No se sabe cuánto tiempo se podrá soportar, pero lo cierto es que por ahora seguiremos luchando... En ello estamos. 
Además de la confirmación de alternativa, ¿una de las metas de 2019 es repetir en Cuenca como matador?
Hombre, para mí torear en Cuenca es motivo de ilusión. No sé qué ideas tiene ahora Maximino Pérez... imagino que verá los resultados de este año, pero haga lo que haga yo estoy muy tranquilo conmigo mismo. Con lo que hice en mi alternativa siento que no hay ninguna espinita clavada por la que pueda pensar que no merezco estar el año que viene. 
¿Cuál ha sido el momento más dulce y el más amargo de esta tan difícil temporada?
Ambos están protagonizados por la misma persona. El más dulce fue brindarle el toro de mi alternativa a mi abuelo, que siempre fue una persona importantísima en mi vida y en mi carrera. Ese fue el mejor regalo que le pude hacer en vida, como torero y como nieto. El momento más amargo fue su pérdida tan solo un mes después de aquel día.