DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Page necesita un Simón

08/05/2020

A Fernando Simón, durante más de uno de estos días disparatados, le habría gustado estar en Tanzania. O en Somalia. E incluso en Burundi. En este país africano, el rostro más visible del coronavirus llegó a atender a 200 pacientes en un solo día. Si lo de pasar consulta a casi 70 personas en Atención Primaria es una barbaridad -lo hacen muchos médicos en España-, hacerlo en condiciones de máxima pobreza y con la guerrilla en el cogote es algo más que un gesto heroico. Viniendo de donde viene, siendo aragonés como es, a Simón no debería asustarle ningún frente. Y no parece, porque muy pocos habrían soportado la presión a la que está siendo sometido. De puertas afuera, este médico que se curtió en los pueblos de Huesca, se muestra inalterable.
A Fernando Simón no le habría importado pasar esta pandemia en Guatemala o en París, donde también ha trabajado. Pero ni siquiera ahí le habría tocado una situación sencilla. Es a lo que parece predestinado. Y este epidemiólogo al que comenzamos a poner cara durante la crisis del Ébola ha aceptado el peor de los encargos posibles: ser el escudo del Gobierno durante la mayor crisis sanitaria que ha sufrido España. Por si se baja del barco, en Moncloa están pensando en clonarlo. Razones tienen. Simón asume las explicaciones sanitarias y también las políticas. ¿Alguien da más? Y si patina en los pronósticos, como le ha ocurrido en bastantes ocasiones, va en perjuicio de su prestigio y de su credibilidad, no de la del tándem Sánchez-Iglesias.
Aunque no es un producto de la factoría Iván Redondo, la jugada ha resultado maestra. Simón habla con lenguaje de la calle y no como un científico. Si se atraganta con una almendra, lo cuenta. Y es ajeno a la mofa en torno a su pelo, las cejas o su vestimenta. Además, siempre cuenta con una amplia corte de fieles y de trolls dispuestos a echarle un capote. Los argumentos son dispares y en realidad quieren decir lo que no dicen: dar datos cada día, estar sometido a una sobreexposición nunca antes conocida y justificar la incompetencia de tus superiores, supera a un reputado científico e incluso a un astronauta. Lo último ha sido justificar el desfase en la cifra de muertos oficiales, que en ningún caso refleja la verdadera dimensión de la tragedia que estamos sufriendo. «Podría deberse a un accidente de tráfico enorme».
Aun con estos deslices, no sé cómo a nadie de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha no se le ha ocurrido inventarse un Fernando Simón. Si no tienes escudo, en una situación límite quedas retratado. Y es lo que le ha ocurrido a Page. Primero fue acusar a los profesores de querer «15 días de vacaciones»» apenas unas horas antes de verse obligado, en contra de su voluntad, a cerrar todos los centros. Después fue criticar a los profesionales del hospital de Albacete por grabar vídeos de las urgencias saturadas, con los pacientes en el suelo del pasillo, y no grabar otras dependencias más tranquilas. Pasados unos días, se metió en el charco de las residencias de mayores. «El problema no está en las residencias. No nos engañemos. En la residencias no están las personas válidas que pueden bailar o que cantan por la noche. En las residencias está la gente que está muy malita». Y lo último ha sido su comparecencia en las Cortes, que ha indignado a los médicos. «Ha minusvalorado la actuación de los profesionales sanitarios para defender su actuación y la de los suyos. Hasta la fecha pensábamos que íbamos en el mismo barco», denuncian los intensivistas. Si no se busca pronto un Fernando Simón o similar, la situación se le terminará yendo de las manos. Si es que no lo ha hecho ya.