LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Un mundo desacompasado en los avances

¿Por qué unas sociedades avanzan y otras no? Dicen que generalmente es por el dinero y ocasionalmente por la paz social (si concurren, o no, estos factores). Yo añadiría que la situación geográfica o geo-global de cada nación es también fundamental. Unos derechos universalmente fortalecidos como fin último a conseguir no tienen que impedir que, en espacios geográficos compactos y próximos en nivel económico, se procure trabajar en objetivos específicos de desarrollo y redistribución destinados a materializar logros concretos.
Ese camino se ha recorrido en Europa con el impulso de organizaciones supranacionales como la Unión Europea o el Consejo de Europa, y en algunos países de América Latina desde el Pacto de San José, de 22 de noviembre de 1969. Así, en ciertos ámbitos se impulsa una protección adicional de determinados derechos previamente pactados, para beneficiar a los nacionales de los países signatarios, sin que esa vía suponga un menosprecio al resto de personas del mundo. La consideración universal de los derechos y de la dignidad, más que una afrenta, experimenta con estos avances un ejemplo, de cara a la consecución de garantías en aquellas zonas del planeta donde esta ‘regionalización’ o puesta en común no ha sido posible.
La realidad de la diversidad social y económica se impone, también en este caso, pero no con la finalidad de acrecentar las diferencias entre unos países y otros: es más bien un impulso que moral y cívicamente deben establecer aquellos Estados que en algún momento han tenido la suerte de contar con las condiciones para apostar por estas soluciones regionales. La activación de resortes de garantía y la potenciación de avances entre países que alcanzan la posibilidad de hacerlo (parecido desarrollo económico, como el caso de Francia y Alemania; o simplemente cercanía geográfica, como los casos de Portugal y España al incorporarse al Consejo de Europa o a la antigua Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea), puede resultar ejemplar pero, como es lógico, siempre que de ello no se derive una mayor postergación del resto de países que quedan fuera de ese juego.