TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Superación

05/01/2020

Tenemos a Danny Ings (Southampton), segundo máximo goleador de la Premier, que a sus 27 años triunfa por fin después de dos operaciones de rodilla cuando sospechaban que no iba a poder volver a jugar a fútbol; a Leon Legge, capitán del Port Vale ante el City en la FA Cup, que lleva jugando 18 años con epilepsia y que a sus 34 años saltó a un gran estadio (el Etihad) cumpliendo su sueño. Hace poco conocimos que el 'Chimy' Ávila (Osasuna), uno de los delanteros de moda en LaLiga, trabajó como albañil y acudía a entrenar en caballo porque no tenía coche… ¡hace sólo cuatro años!, y es que tenía que pagar un tratamiento clínico para su hija. Y hemos conocido siempre las historias de pequeños con problemas de crecimiento, goleadores con padres alcohólicos, hijos de emigrantes que huyeron de un conflicto armado, negros (españoles de primera generación) con tremendas historias de dolor en las mochilas y decenas y decenas de futbolistas de élite cuyo camino al éxito se resume con un titular cómodo: «Historia de superación».

En la grada hay muchas más «historias de superación» que no han terminado con un contrato profesional a 150.000 euros mensuales, no sé si me explico: agradecemos que nos descubran las cicatrices que tienen nuestros ídolos en las piernas y en el corazón… Sin embargo (lo explico con un trabalenguas-jeroglífico), a los jugadores les queremos por lo que son y no por lo que fueron, sabiendo que lo que fueron les ha hecho ser lo que son. ¿Mete Ings más goles porque tiene la rodilla hecha un cisco? ¿Toca mejor la pelota Rakitic porque nació en Suiza, cuando sus padres huyeron del conflicto de los Balcanes? No y no. Las «historias de superación» forjan la personalidad y el carácter, pero no al futbolista. Todos tienen historias preciosas en la espalda, aunque sólo unos pocos las ven contadas.