TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Temores ante el Gobierno que viene

Me parece baladí el hecho de que aún haya que esperar unos días el anuncio de la composición del nuevo Gobierno. Hemos esperado casi dos años -en el mejor de los cómputos- a tener unas carteras ministeriales definitivas y bien podemos hacerlo un par de días más. Mucho más preocupante me parece el bisoñismo con el que la parte de Podemos ha asumido el anuncio de quiénes serán sus representantes en el nuevo Gabinete presidido por Pedro Sánchez -que sería quien hubiese debido anunciar el elenco al completo--. Bisoñismo y precipitación. Y aún más inquietante es algo que me parece que se perfila en el horizonte: el riesgo de que este Gobierno surgido de la investidura del pasado lunes se convierta, de hecho, en dos gobiernos, uno presidido por Sánchez y el otro, encabezado por el vicepresidente Pablo Iglesias, con sus ministros podemitas dirigidos, en realidad, por él.

Ha sido hasta ahora tanta la intensidad en los esfuerzos por ocupar el poder que es de temer que se hayan descuidado aspectos clave en el funcionamiento de un Ejecutivo, en su organigrama y en la definición de sus tareas primordiales, o sea, su programa de acción. Téngase en cuenta que es el primer Gobierno de coalición -y, encima, este tan peculiar- con el que cuenta España desde hace más de ochenta años, y que nunca ha habido costumbre de cogobernar con un socio, y menos con uno tan atípico, como la Unidas Podemos de Pablo iglesias, personaje que invariablemente se siente superior a quien ocupará la presidencia y que será, por tanto, le guste o no, su jefe. De ahí que, como en las familias no del todo bien avenidas, se haya hecho preciso un curioso protocolo para regular las relaciones entre las dos fracciones integrantes del Consejo de Ministros. Entre los dos socios existe de todo menos confianza: en esto sí nos dijo, al menos, la verdad Pedro Sánchez en la campaña anterior a las elecciones.

Luego está el organigrama. Hay carteras que no se justifican (¡¡ni aun añadiéndoles las competencias del juego y de las casas de apuestas!!) sino en la necesidad de repartir poltronas para todos. Y está muy claro que los ministerios dependientes de Podemos, empezando por el propio vicepresidente, carecerán de atribuciones ejecutivas verdaderamente importantes, por lo que sospecho que derivarán tratando de ocuparse de cosas que no les hayan sido atribuidas, desde portavocías bis hasta los medios de Comunicación del Estado, comenzando por esa RTVE tan cara a los anhelos de Iglesias. Confiemos, por lo demás, en que el organigrama sea mínimamente respetuoso con las verdaderas necesidades de la nación: resultaba incomprensible, por ejemplo, el dislate de acumular en una sola ministra las carteras de Educación y la Portavocía (error que ya se cometió con el último gobierno de Rajoy, por cierto). Y resultará intolerable un crecimiento en el número de Ministerios para dejar a todos contentos: el actual Presupuesto no da para tanto.

Por fin, los intereses de la nación. Este Ejecutivo aleja las perspectivas de un pacto transversal, de Estado, con la oposición, con la que, por culpa de todos sin duda, se ha salido de la investidura tarifando y más distanciados que jamás. Ya se nos ha anunciado que no habrá pacto con el PP para la renovación de los órganos judiciales, lo cual, siendo muy grave, aleja, al menos, las sospechas de que volvería a pactarse bajo cuerda un reparto de los miembros del Consejo General del Poder Judicial tan vergonzoso como el que se intentó hace año y medio.

Pero lo cierto es que algunos de los grandes acuerdos que serán imprescindibles para el buen funcionamiento de nuestra democracia, y que requieren del acuerdo del Gobierno con la oposición, también se alejan: unos pactos sobre Exteriores, sobre servicios secretos, sobre educación, sobre equilibrios territoriales, sobre Cataluña y, sobre todo, sobre esa necesaria reforma constitucional que, una vez más, se difumina. ¿Cuánto tiempo aguantará así, sin cambios, nuestra ley fundamental, cuánto esta desfasada normativa electoral?

Personalmente, me he expresado en el sentido de que deseo que este Gobierno, aunque no me parezca el mejor para mi país, acierte en sus planteamientos y en su trayectoria, porque eso redundaría en un bien para todos. Pero para que las cosas salgan bien hay que hacerlas bien. Sin trampas, con transparencia, contando con todos y no excluyendo a media España. Ahí lo dejo, para lo que valga, que será, sin duda, poco.