LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Cuando ruge la marabunta

03/01/2020

Salvo unos cuantos afortunados, no hay una manera elegante para irse. La muerte cuando llega, golpea con firmeza al afectado pero los que se quedan sufren su impacto. No sabemos lo que piensan los muertos ante un hecho tan aciago; solo vemos el dolor de los que sobreviven. En algunas ocasiones, cada vez con más frecuencia, el final tiene algo de liberador al suponer una carga difícil para la supervivencia del familiar. Cuando se añaden enfermedades degenerativas y la pérdida de la consciencia, es inevitable sentir cierto alivio.

Especular sobre ello es impúdico, no porque cierto morbo no sea saludable, sino por el hecho cierto de que el futuro misterioso posee un glamour inigualable. No es educado cuestionarse cuando uno se va, simplemente te llama. Resulta extraño leer cuánta gente se suicida, acabar con la vida propia es un eufemismo, sinónimo de una desesperanza incomprensible.

No significa que no haya circunstancias objetivamente brutales que parezcan aconsejar reducir nuestra presencia terrenal; más bien que en el juego de las comparaciones siempre hay alguien que te gana. No solo porque sufran hechos peores que uno mismo, sino porque su entereza para afrontarlos es muy superior a la tuya.

¿Por qué estamos aquí? Me temo que la respuesta supera las capacidades del que escribe, existe suficiente literatura para saciar dicha duda y por suerte, buenos amigos para iluminar ese camino. Solo me limito a constatar que la ausencia de una visión trascendente de la vida, hace nuestra presencia banal.

En el año 2.015, Dennis Muilenburg fue designado presidente ejecutivo de Boeing. Llevaba 30 años en la empresa y parecía que presidir una compañía en un sector donde el duopolio es un hecho fáctico y su cargo un seguro de vida. No tiene mucho sentido perder el tiempo en pensar qué se hizo mal.

La regulación se endurecerá, los familiares de las víctimas cobrarán una generosa indemnización, la empresa verá sus acciones devaluadas y varios ejecutivos serán despedidos, cesados o jubilados. Lo importante es que no se olviden dos grandes ideas. Es indispensable que una compañía que hace aviones priorice la seguridad de sus clientes al coste del producto; mala reputación. Y más importante, hacer las cosas bien es una exigencia moral en cada acto humano.

El capitalismo se debilita cuando aceptamos los oligopolios que limitan la competencia y reducen nuestra libertad de elección. Como consumidores deberíamos preguntarnos en cuántas ocasiones tenemos dicha libertad. No siempre lo barato es la opción inteligente.