Buen camino

Jonatan López
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'Ducha, lecho y techo' son los tres preceptos básicos para acoger y mostrar hospitalidad a todo peregrino que pasa por el albergue de Villaconejos de Trabaque

Buen camino - Foto: Reyes Martínez

Ducha, techo y lecho. Estos son los tres preceptos básicos que debe dar todo aquel que acoge a un peregrino. Esas son las normas básicas de hospitalidad, según Pepe Cava, diestro caminante que acoge a todo aquel que discurre por el Camino de la Lana y hace parada obligada en la localidad alcarreña de Villaconejos de Trabaque.  Dice Pepe, al que todo el mundo le conoce como Pepe Villaconejos, que los términos de ‘las tres chés’ no son suyos, sino de Luis Cañas, otro histórico peregrino conquense que le acompaña en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca. 
Este amable anfitrión espera a todo aquel viajero para abrirle las puertas del albergue de la ‘Casa del Santero’ que, hace 11 años, se habilitó gracias al Ayuntamiento. 
En este coqueto alojamiento, situado junto a la ermita, no faltan camas, duchas y hasta una pequeña cocina, para que peregrinos tengan lo necesario y descansen del largo paseo. Por si acaso, Pepe está también al quite para invitarles a cenar en una de las típicas cuevas de esta localidad alcarreña. De menú, panceta, morcilla,  forrete, alguna sopa de ajo de vez en cuando, y un buen vino de cosecha propia con el que se brinda. ¡Paz y bien!
¿Una moda pasajera? El hospitalario cree que el peregrinaje es una moda que en algunos caminos, caso del francés, «morirá de éxito. No nos engañemos, la gente «no va por motivos religiosos. Hay muchos deportistas que encuentran en el Camino un sitio cómodo, fácil y con un reto de superación. Hay soledad, querer encontrarse a sí mismo durante 12 jornadas y olvidar el stress que tienen en su casa o en su trabajo».
Por esta razón, Cuenca, y concretamente el Camino de la Lana, «se está convirtiendo en receptor de peregrinos españoles y de otros países que buscan «paz y tranquilidad que en otros sitios no van a encontrar» pero la mayoría, apunta, son jubilados que en un 80 por ciento ya se han hecho casi todos los caminos».
 Lo bueno de esta ruta es que «desde Alicante a Burgos te encuentras con siete paisajes diferentes en 600 kilómetros. Nada tiene que ver la Serranía Baja con la Alcarria, por ejemplo o los extensos pinares sorianos». 
¿Qué va a pasar con el Camino de la Lana? El también presidente de la asociación se aventura a vaticinar que «si los ayuntamientos abren más sitios de acogida, el número de peregrinos crecerá. Hasta ahora no es así por la incertidumbre del caminante, que no sabe dónde dormirá».
La mejor de las noticias es que los consistorios de Albendea y Valdeolivas planean habilitar espacios a partir de la primavera. «Hasta ahora creían que preparar un albergue era construir una gran casa, pero es suficiente con acondicionar un espacio como alojamiento donde poder dormir», comenta. 
Es el momento de la despedida. Pepe esboza de nuevo una sonrisa en su rostro mientras se apoya en un vara de avellano a la que puso el nombre de Águeda y de la que dice que le ha acompañado en más de 4.000 kilómetros de polvo, roca y alquitrán. Levanta la mano para decir adiós y repite el saludo habitual de todo peregrino. Buenos deseos hasta que nos volvamos a ver. ¡Buen camino!