Amparar a las futuras víctimas

Antonio Pérez Henares
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Amparar a las futuras víctimas - Foto: Jesus Diges

La prisión permanente es el único arma para que Montoya no vuelva a asesinar

Defender que un psicópata asesino, un violador compulsivo, en muchas ocasiones el mismo individuo, tras haber sido detenido, juzgado, condenado y reincidido en cuanto ha tenido oportunidad, sea puesto en libertad en base a un prurito ideológico, a un presupuesto doctrinario choca con la más mínima razón y con todo sentido común, pero además supone un auténtico desprecio por la vida, por la sociedad y por inocentes que van a sufrir sus terribles desmanes. Esa es la inmensa responsabilidad de quienes en contra de todo lo anterior y de la voluntad abrumadoramente mayoritaria de la ciudadanía española, pretenden derogar la prisión permanente revisable (PPR), fórmula que al igual que muchas democracia europeas, con diferentes nombres, las más avanzadas, y que por supuesto abolieron hace mucho la pena de muerte, han establecido como sensata opción para no permitir que tales monstruos, porque lo son, puedan volver a aterrorizar, violar y asesinar.
Pues bien, ha de saberse y exponerse al pueblo español con total crudeza que quienes con ocasión de terrible crimen sufrido por Laura Luelmo, quienes precisamente comenzaron a escenificar su repudio a la tragedia y en un paroxismo frenético empezaron a acusar poco menos a todos los varones por serlo y a gritar contra el machismo global como origen de toda maldad, son quienes al mismo tiempo quieren abolir la ley actual y permitir que pasado un tiempo, y aunque no haya atisbo siquiera de reinserción, estos criminales, este mismo que nos ha conmocionado a todos, puedan salir, pasado un tiempo de prisión en libertad. Esa es la auténtica sinrazón, el disparate en que los políticos de la izquierda española, encabezados por Podemos y el PSOE, secundados por los filoetarras de Bildu, los separatistas catalanes y el PNV quieren perpetrar y abolir esa ley que puso en vigor el PP. Por cierto, que en esto Ciudadanos y en la última ocasión en que se votó la toma en consideración del proyecto, se puso de perfil y se quedó y fue un avance, en la abstención, pues antes había sido su discurso el más duro para abolir la norma y había votado también a favor. Contra una inmensa mayoría de ciudadanos, cerca del 80 por ciento que en absoluto desean que se produzca tal esperpento de consecuencias trágicas. En vista de ello, PSOE y Cs ahora han templado gaitas y han optado por acudir al Constitucional para que sea el Alto Tribunal el que en cierto modo les quite el marrón en que ellos se han metido.
Lo sucedido estos días ha puesto al descubierto el mayor de los cinismos y el más alienante sectarismo ideológico. El de un exacerbado feminismo, que ha cruzado la línea hacia el hembrismo que lo equipara al peor machismo, y que tras rasgarse las vestiduras por el nuevo asesinato al tiempo subscribía el que el asesino en un futuro pudiera volver a asesinar y en vez de cargar en él las culpas se desaforaba cargándoselas a todos los demás. En tal senda no dejaba de inmediato de entrar Pedro Sánchez y no podía faltar la histriónica Carmen Calvo, quienes ponían en marcha el falaz argumentario socialista La prisión permente revisable estaba en vigor y no ha salvado la vida de Laura Luelmo. Lo que ambos remataron con enfebrecidos aplausos a la podemita Belarra cuando se desgañitaba en el Parlamento insultando a Casado por defenderla. Es un axioma tan mendaz como repulsivo.