COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Confianza, Constitución y solidaridad

Si el portavoz parlamentario de Vox, Gabriel Rufián, compara el discurso navideño del Rey Felipe VI con un mitin de Vox es seguramente porque no lo escuchó con atención. Si los independentistas catalanes al unísono afirman, como respuesta a la referencia sobre Cataluña -dibujada como una de las serias preocupaciones del conjunto de los españoles-, que el problema es que España no es un Estado de derecho e incumple las sentencias europeas, es que tenían preparada su reacción de antemano y tampoco escucharon con los oídos abiertos el mensaje del Rey. Si el portavoz parlamentario vasco, Aitor Esteban, asegura que la intervención de Felipe vi fue “una loa” a la Constitución cabría preguntarse si desconoce cual es la función constitucional del rey, sobre todo de sus limitaciones. Y a la queja de independentistas y nacionalistas sobre los límites que impone la Constitución habría que oponer que la reforma constitucional, para que se recoja el inexistente derecho de autodeterminación, pasa en primer lugar porque esa propuesta concite el apoyo social mayoritario en esos territorios, lo que por ahora no ocurre, como demuestran los estudios demoscópicos realizados por sus propios servicios estadísticos.

En todos los mensajes reales hay un denominador común, la clara percepción de los problemas reales que afectan a los ciudadanos y la necesidad de que las instituciones y los partidos les den la respuesta adecuada, junto a la petición de que los ciudadanos no caigan en el desánimo, de que perseveren en el camino del diálogo y el acuerdo plasmado en la Constitución que cuenta con los mecanismos para afrontar las dificultades que se presenten, bajo la premisa recordada por el Rey del reconocimiento de la diversidad dentro de la unidad, y la huida de los extremismos, que solo de muy lejos puede interpretarse como un síntoma de preocupación por la formación del próximo gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, o un toque de atención sobre la presencia de Vox en las instituciones, mientras que es clara su petición a los partidos para revertir la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones.

Solo con anteojeras puede afirmarse que el Rey ha pronunciado un mitin de Vox cuando desde sus primeras palabras muestra su preocupación por la situación de paro de muchos españoles, por las dificultades económicas de los más vulnerables, por la precariedad del empleo de los jóvenes, por la discriminación de la mujer, o por la crisis económica que ha agudizado los niveles de desigualdad, y para hacerlas frente realiza apelaciones contundentes a la solidaridad y a perseverar en los valores de igualdad y libertad contenidos en la Constitución y en la capacidad de los españoles para salir de los problemas con confianza, cohesión y determinación como en otros momentos de la historia reciente.

La advertencia del rey sobre la autocomplacencia que puede ahogar la necesidad de reformas ha ido acompañada de una llamada de atención sobre la autocrítica destructiva. Dos actitudes igual de invalidantes y que también son bien conocidas. Frente a ellas el Rey pidió confianza en nuestras propias posibilidades y “pensar en grande”. Se afirmaba que este podía ser el discurso más difícil del Rey por la situación política. Ni lo ha parecido ni lo ha sido porque volvió a mostrarse cercano y buen conocedor de los problemas de los españoles.