NUEVO SURCO

Javier López


García-Page en la segunda parte del partido

El acto de toma de posesión de Emiliano García-Page el pasado sábado en el Palacio de Fuensalida concluyó con los acordes del himno nacional, como hace cuatro años. Era previsible. El emilianismo desplegó allí toda su potencialidad de cara a los próximos cuatro años, la segunda parte del partido con el que el presidente de Castilla-La Mancha quiere concluir su carrera política en la región. La ley no permite más de dos mandatos, salvo cambio que hoy por hoy no está en la agenda. Este tiempo será el decisivo. Al final podremos hacer balance sobre lo conquistado aquella noche electoral de mayo con abrumadora mayoría, y podremos decir si nuestra región dio un saltó cualitativo y definitorio hacia mayores cotas de desarrollo. La filosofía está clara: «Estamos en el corazón de España, y tenemos a España en el corazón». Todo en el discurso de García-Page es un querer ocupar una gran espacio central, como la gran llanura que es nuestra región, un ejercicio de transversalidad que ponga un punto de sosiego, incluso de originalidad, en el desbarajuste político español, escenario alocado de la llamada ‘nueva política’ donde el postureo ha convertido la actividad pública en el terreno abonado para todas las frivolidades, como si no hubiera más que posar para una foto sin más sentido que ese, sin argumentos y sin proyectos. Ese espacio central, en la España de los bloques pétreos con reminiscencias guerracivilistas, puede ser una llanura quijotesca en los tiempos que corren, pero nuestra tierra se mueve finalmente por razonamientos sanchopancistas. «El corazón tiene dos ventrículos, el izquierdo y el derecho, aunque algunos se empeñen en funcionar solamente con uno». Lo dijo García-Page en una declaración de intenciones que va más allá de los límites de Castilla-La Mancha: «Nuestro modelo es la socialdemocracia de 180 grados en el que se tiene que sentir a gusto mucha gente en una región que es conservadora». No da puntada sin hilo. En realidad es la reivindicación de lo que hizo José Bono, seguramente aprendiendo de sus errores, pero también ese PSOE ochentero que con Felipe González desplegó políticas sociales de alcance con un claro sentido del Estado y del patriotismo que le da aliento, sin pisar callos ni meterse en jardines, sin abrir heridas pasadas ni complejas batallas de triste recuerdo que «siempre terminan en la muerte», añadió Emiliano García-Page en un acto en el que no había ni rastro de Podemos, con el protagonista del evento tan contento por este hecho, por cierto. Algún día sabremos con todo detalle como de putas se las hizo pasar en algún momento la formación morada a la que finalmente se desactivó poniéndola a ras de una moqueta.
La filosofía está clara. Otra cosas serán los hechos y los retos, que tendremos que juzgar en su momento. En el horizonte, dos grandes escollos en los que Castilla-La Mancha, con su gobierno al frente, tendrá que dar la nota: la financiación autonómica, gran asignatura pendiente desde que España está en estado de provisionalidad casi continua, y el agua, el del Tajo, que sigue siendo esquilmada con furor y sin rubor por parte del gobierno central a pesar de las sentencias del Tribunal Supremo. La última afrenta la tenemos bien reciente. «Necesitaría un poco más de agua, y no porque tengamos aquí a miembros del gobierno». La indirecta, con la boca seca, resonó con gracia en el patio del Palacio de Fuensalida. El objetivo es el fin del trasvase, lo último que debe hacer la región es arrugarse. Será una de las grandes pruebas de fuego para Emiliano García-Page en la segunda parte de su partido.
El himno nacional cerró el acto como era previsible en la reivindicación de ese PSOE que se quiere hacer valer desde Castilla-La Mancha, pero nos fuimos de allí haciendo cábalas sobre el nuevo gobierno. Sabíamos que no habría grandes cambios. Mano derecha en la vicepresidencia con José Luis Martínez Guijarro, siguen en el mismo puesto Patricia Franco y Juan Alfonso Ruiz Molina.  Se siente la marcha voluntaria de Ángel Felpeto. Se crea la cartera de Desarrollo Sostenible e Igualdad. Al frente de esta última, y también en la Portavocía, Blanca Fernández. Le coloca el listón muy alto Nacho Hernando, uno de los políticos con más proyección en el PSOE castellano-manchego. Tiene ahora una prueba definitoria de cara al futuro manejando el presupuesto grueso de la consejería de Fomento, y él lo sabe.