CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El hartazgo de Felipe

25/01/2020

El ex presidente de gobierno ha roto su silencio para arremeter con un comunicado contra la política de Sánchez respecto a Venezuela. Cualquiera que conozca a Felipe González adivina que se estaba mordiendo la lengua desde hace meses ante los desatinos del gobierno socialista, que rompe con los principios que caracterizaron al Psoe que dirigió tantos años. Felipe ha reaccionado finalmente ante el desaire del gobierno a la Venezuela democrática, negándose a recibir a Juan Guaidó, el presidente elegido democráticamente por el parlamento venezolano, el presidente reconocido por la Unión Europea y por países como Estados Unidos y Canadá, como ha señalado González.

No se sabe si el hartazgo de Felipe González lo ha provocado que Guaidó fuera tratado por Sánchez como un apestado, que Podemos tenga tanto poder en Moncloa, o que el ministro de Fomento y secretario de Organización del Psoe haya sido pillado en un renuncio, en una falta, en una mentira.

Ábalos negó que se hubiera entrevistado con la vicepresidenta venezolana, Dalcy Rodríguez, y dijo que solo se había encontrado con el ministro venezolano de Turismo, que visitaba Fitur. Al hacerse público que había acudido a la zona de vuelos privados de Barajas, y que allí se había visto con Dalcy dentro de un avión, explicó entonces que había acudido a verse con su homólogo y que, oh sorpresa, se encontró con que allí estaba Dalcy, a la que saludó. Cuando se supo que había permanecido más de una hora dentro del avión se hizo evidente que había mentido, y la situación se envenenó aun más al recordar que la UE ha prohibido pisar territorio europeo a la famosa Dalcy, ex ministra y ex presidenta del parlamento bolivariano ilegal.

El ministro de Fomento debe pensar, como su jefe Pedro Sánchez, que los españoles se tragan todas las mentiras que ponen en circulación. Esta es de las grandes, porque afecta a las relaciones de España con un país considerado como una dictadura que se salta todas las reglas de la democracia, impuesta por un presidente que ha manipulado el resultado de las urnas y nombrado una Asamblea parlamentaria que legisla al margen del parlamento legalmente constituido. Pero es que además nadie cree posible que Ávalos tenga que ir a recibir al ministro de Turismo venezolano al aeropuerto cuando estos días hay en Madrid un centenar de ministros de turismo de todo el mundo; como nadie cree que haya subido a un avión para recogerlo, o que no supiera que allí estaba la vicepresidenta que no podía pisar legalmente suelo español.

Ávalos era creible hasta ahora, entre otras razones porque ha tenido que sufrir desmentidos de Sánchez y Calvo al anunciar iniciativas verdaderas que incomodaban a Podemos o a ERC. Pero su credibilidad se ha reducido a cero desde el momento en que, como su jefe de filas, miente. Y, lo más irritante, cree como Sánchez que los españoles se tragan cualquier mentira que les cuente.