TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Estamos en manos de quien nos quiere matar

Desde luego, no puedo presumir que sé lo que va a resultar de la asamblea de Esquerra Republicana de Catalunya este sábado. Puede que ni ellos, ni el propio Oriol Junqueras, el hombre más poderoso hoy de España, y encima desde su cárcel-oficina, lo sepan. No lo sabe Pedro Sánchez, que tampoco sabe ya cómo conseguir que ERC facilite cuanto antes su investidura, antes de que se caiga el tinglado. Han perdido los papeles y, como aquel a quien el discurso se lo llevó el viento, pueden decir: "hasta ahora, solo Dios y yo sabíamos lo que iba a decir; ahora solo Dios lo sabe". Solo Dios sabe lo que va a ocurrir de aquí a finales de año, cuando todavía, dice, optimista él, el Gobierno central en funciones, sería posible la investidura. Personalmente, me parece difícil, pero cualquier cosa es posible que ocurra o que no ocurra en estos días de loco frenesí.

La partida cada vez se juega con más cartas. La peor, el lamentable estado moral en el que ha quedado el poder judicial tras el varapalo de Luxemburgo declarando que fue contra derecho no permitir a Junqueras recoger su acta y, por tanto, su inmunidad. Ahora mismo, el Tribunal Supremo está enfrentado con el Constitucional y con la Fiscalía; la Fiscalía está enfrentada con el Gobierno, que también -la ministra de Justicia en concreto- anda en peleas con los abogados, con todos los abogados, que ya es mérito. Y, a todo esto, el presidente del Supremo y del Consejo del Poder Judicial, Carlos Lesmes, más que contestado por el mundo de las togas, va a cumplir un año habiendo sobrepasado su mandato reglamentario.

La Justicia está desmoralizada porque le llueven palos por el simple hecho de que España carece de una normativa legal que defienda al Estado. Y ello ocurre porque nuestros políticos, desde hace muchos años, se han resistido, por pereza, por miedo por egoísmos y por incapacidad, a introducir las reformas imprescindibles en nuestra normativa legal, penal, procesal, electoral y constitucional. Ahora lapidan a los jueces por cumplir básicamente con su deber, una vez que la política quedó judicializada por la incapacidad del Gobierno Rajoy para dialogar en serio con un mundo, el de los nacionalismos, difícilmente comprensible y nunca comprensivo.

Ahora, solo Dios sabe lo que puede ocurrir y ocurrirnos. Puede que se fuerce una investidura como sea, abriendo así una Legislatura que será, sin duda, desastrosa. Puede que no se alcance investidura alguna, ni siquiera con la abstención de la derecha, y vayamos a las quintas elecciones en cuatro años; en ese caso, Pedro Sánchez no podría, por una mínima decencia estética, volver a presentarse. Y entonces quizá empezase a allanarse el camino de esa gran coalición reformista que tanto necesitamos. Son demasiados factores los que han de alinearse como para pensar que ese sueño, que nos llevaría a una Legislatura acortada en la que se hiciesen las reformas en la normativa electoral precisas para no repetir este bochorno y que el más votado sea quien gobierne, vaya a ser posible. La luz al final del túnel sigue sin aparecer.